Cardenal Sistach: ¿una solicitud solicitada?
Es cierto que nuestro nunca suficiente bien amado (n.s.b.a.) Cardenal Arzobispo de Barcelona, siempre ha demostrado una gran “solicitud por todas las iglesias” no sabemos si más cercanas a los principios del decreto “Christus Dominus” del Vaticano II o a las tesis cercanas al episcopalismo que florecieron en la Iglesia durante el siglo XIX y que eclosionaron a las vigilias del Vaticano I.
Lo que sí sabemos es que nuestro n.s.b.a. Cardenal viaja muchísimo y que su salud se empieza a resentir por todo ello. Lo vemos cada vez más espeso, con mayores dificultades de concentración e individualización de las personas y las cuestiones que, las pocas veces que se le puede encontrar en Palacio, se suelen presentar pidiendo audiencia.
Nuestro Arzobispo, junto a los cargos en la Conferencia Episcopal Española inherentes a su condición pastoral, es poseedor de una multitud de cargos en razón de su condición cardenalicia. Es cierto que muchas veces es un mero miembro o un simple consultor de Congregación, y que la responsabilidad y el peso de esa condición no le supone muchas veces más que una breve estancia de media mañana en Roma o siquiera unos minutos al teléfono. Pero Mons. Martínez es un hombre de 71 años y tanto ajetreo no redunda ni en un bien para su Diócesis ni para su aparente salud de hierro.
Por todo ello, juzgamos que la posibilidad de trasladarse definitivamente a Roma a presidir el Tribunal de la Signatura Apostólica, no sería una solución descabellada.
El vaticanista Paolo Rodari, en su blog Palazzo Apostolico, al comentar el posible nombramiento de Mons. Vallini, por cierto condiscípulo y amigo de nuestro n.s.b.a. Cardenal Martinez, como sucesor de Mons. Camillo Ruini al frente del Vicariato de la Diócesis de Roma, coloca a nuestro “Cardenal jurista” como el mejor situado en la plataforma de salida para substituirle.
Nosotros, desde Germinans, nos alegraríamos profundamente por ese nombramiento. En primer lugar por la salud de nuestro Arzobispo, en segundo lugar porque estamos seguros de que desarrollará sus altas funciones jurídicas con una solicitud extraordinaria y con una capacidad más que asegurada.
Y finalmente, porque sin esperar cuatro o cinco años podríamos albergar alguna esperanza de reforma para nuestra querida Archidiócesis de Barcelona, tan necesitada de ella.
Así pues, desde Germinans, nuestros más fervientes votos para que el Santo Padre tenga a bien proceder a tan juicioso y merecido nombramiento que llenaría sin duda de gozo y de devoción a la Sede de Pedro, los corazones de todos los hijos e hijas de Dios de la Iglesia que peregrina y lucha en Barcelona.
¡Eminencia: ad majora!