A Antoninus Pius
Un buen amigo de Barcelona me ha llamado diciendo que en vuestra web habías sacado una nota de apoyo por mi crítica a la obra de Pep Coll. He leído el texto que firma Antoninus Pius y agradezco vuestra adhesión. Es bueno y conveniente que los católicos nos manifestemos unidos en la defensa de nuestra fe, sobre todo cuando no es bien tratada por unas actitudes de increencia poco respetuosa y beligerante.
Con la libertad y amor a la verdad con que intento escribir siempre quiero manifestar que me ha movido mi amor y devoción a María y al bien que se realiza en Lourdes, así como la defensa de la fe de la Iglesia en la que todo buen pastor debe estar especialmente implicado. Quiero manifestaros igualmente que no me han agradado algunas comparaciones que se hacen en el escrito de Antoninus Pius. Conozco bien a Mn. Pujol, hermano del Arzobispo de Tarragona y me une con él una buena amistad. Es un excelente sacerdote, cuenta con todo mi aprecio y consideración y no dudo que sería un buen obispo. Os envío una pequeña reflexión que he escrito a propósito de toda esta polémica por si consideráis conveniente publicarla.
Caritas in veritate
J.A. Mateo
Algunas anotaciones a la obra “Les senyoretes de Lourdes. La veritable història de Bernadette”
Al escribir estas letras expresando mi opinión por el revuelo suscitado en los medios de comunicación de nuestro país me vienen a la memoria unas palabras de Jesucristo en el momento de su detención: “Habéis salido a cogerme armados de espadas y palos como si fuera un bandido...”. Poco podía imaginar que la nota que puse en la hoja parroquial tendría la desproporcionada repercusión mediática que ha tenido. Han salido al mi encuentro no con espadas y palos como dice el Evangelio sino ¡con todo un arsenal de artillería pesada! Este es un aspecto de la polémica que merecería ser bien estudiado por los expertos en la materia haciéndonos ver su íntimo y misterioso intríngulis. Pienso también que, al fin y al cabo, algunos se han tomado las cosas demasiado a la tremenda cuando es más provechoso hacer un debate más sereno y ponderado.
Con respecto a la obra en cuestión, recuerdo que la compré en Barcelona alrededor de San Jordi y la empecé a leer aquella misma noche. La lectura se me hizo pesada pero intuí que allí había algo que merecía ser rebuscado y así lo hice.
Leemos en la contraportada del libro: “En realidad, aquella primavera, aquello que despertaron las visiones de Bernadette fueron las ilusiones y los desengaños, las envidias y los odios, la ambición de dinero y de poder”. Estas iluminan la perspectiva de fondo de la obra: una aproximación a la figura de Santa Bernadette y del fenómeno de Lourdes desde una posición del que no cree con fe católica, lo cual es respetable, aunque hace presentir una gran incapacidad de comprensión de personas y fenómenos que se mueven en las coordenadas de la fe y vida espiritual cristianas.
En unas declaraciones de Coll que encontré por internet, el autor manifestaba que pretendía acercarse a la figura de Bernardette con ánimo de no hacerla quedar bien precisamente, pero que después, como fruto de sus indagaciones, Bernadette le pareció más bien una víctima. De hecho, la perspectiva con que Coll se acerca a Lourdes no deja de ser, como mínimo, curiosa. En una entrevista publicada en el Avui, Coll declara “a medida que me he adentrado en la historia de Lourdes, me ha sorprendido hasta qué punto aporta una visión femenina de la religión. No se basa en el poder sino en las necesidades del individuo, en la salud... El agujero donde se aparecía la Virgen es como un sexo femenino y, detrás, está la basílica con sus torres fálicas para poner orden en este mundo femenino, misterioso, relacionado con la fecundidad, salvaje, uterino...”. Quizás el autor no ha encontrado otra cosa que lo que traía en sus adentros, unos grandes prejuicios por acercarse a aquello que es sobrenatural y que abordaba desde una perspectiva bien desenfocada. Para la Iglesia, aun cuando no es obligatorio por la fe, en Lourdes se manifestó la Virgen María y trajo al mundo un mensaje de conversión, de penitencia y de oración que fundamentalmente no es otro que el que encontramos en el Evangelio. En cambio para Pep Coll, según las mencionadas declaraciones, “el origen de todo es muy popular. Es una revuelta de la gente. El poder político y religioso no tuvo más remedio que aceptarlo y se aprovecharon...”. El autor presenta una visión del catolicismo en clave de poder, manipulación y búsqueda de provecho. Desconoce también la seriedad con que se emprende una investigación sobre hechos supuestamente sobrenaturales. En esto la Iglesia ha sido siempre cauta y prudente. Que le pregunten al Profesor Laurentin que pasó años investigando los hechos con una minuciosidad extraordinaria. Recomiendo su obra Lourdes. Crónica de un misterio.
El título secundario de la obra, “La verdadera historia de Bernadette”, es también muy revelador. Es evidente que la historia de esta Santa y de Lourdes se ha escrito (y con mucho rigor) antes de que llegara Pep Coll. Pero para él, la verdadera historia es la suya. Las otras deben ser falsas o medias verdades, que todavía es peor. En definitiva, manipuladas y dignas de poca confianza.
El autor sitúa a Bernadette en el Purgatorio (¡que no es precisamente el lugar de una persona declarada santa!) y desde aquel lugar manifiesta su verdadera historia. Leemos en la página 301: “Esta es la verdad entera, no las mentiras o medias verdades que expliqué a la comisión episcopal y a los historiadores de Lourdes. Y todavía menos, los relatos de las apariciones que escribí en cuanto supe el francés y aprendí de letras”. Casi ya está todo dicho: una Bernadette mentirosa y manipuladora. Si fuera así, la Iglesia no la hubiera creído nunca y mucho menos la habría canonizado. A no ser que se trate de una Iglesia manipuladora de la verdad y que según Coll se emperra en “convertirse en una secta” (¡evidentemente, si no sigue los caminos que Pep Coll cree que debería seguir!). Esta es la Iglesia que se deja entrever en las palabras del jesuita que le dice a Bernadette que no puede dudar de ninguna forma porque “las agujas de la basílica de Lourdes ya tocaban el cielo. La habían consagrado hacía un par de años en un acto solemne, con la asistencia de treinta y cinco obispos, tres mil sacerdotes y más de cien mil peregrinos...”.
Pep Coll no esconde su visión anticlerical un tanto decimonónica y su concepción de Lourdes como gran “tinglado”. Veamos las frases: “Roma es la autoridad, el poder. El papa, los cardenales, toda la curia de machos que gobiernan la Iglesia”. Y otra perla fina de su producción: “Bernadette es la víctima inocente de todo este montaje religioso y comercial. Todos los que la rodeaban se aprovecharon de la desgraciada. Sólo hace falta ver el molino dónde nació, ahogado por un bosque de hoteles y de bloques de apartamentos... Esto es lo que me da rabia. Y todavía se aprovechan hoy, se aprovechan de las miserias de la gente, llevando a Lourdes carretadas de viejos y de subnormales. Lo deberán prohibir...”. Me diréis que se trata de una novela. Pero usa personas y lugares que son entrañables para los católicos y confieso que me siento ofendido con estas interpretaciones y expresiones. No se puede jugar con las convicciones y sentimientos religiosos de las personas y si no los comparte, mejor que no los ponga o que lo haga con gran respeto. Me gustaría ver la situación en qué se encontraría el autor si hubiera escrito en términos parecidos de Mahoma o de la Meca.
Aparte de estas cosas, en la obra de Coll se presenta un gran desconocimiento del dogma católico, cosa inaudita en un autor que ha estudiado en un Seminario. Es del todo inaceptable lo que se dice en la página 304: “Los católicos en el fondo consideran a la Virgen María como una verdadera diosa que se apareció a Lourdes, y es allí donde hace falta ir a adorarla y por cualquier necesidad. Roma es de los machos, mientras que Lourdes es de las mujeres”. Ciertamente, estas afirmaciones manifiestan que Coll no ha entendido absolutamente nada. La frase contiene una herejía insostenible y acusa a los católicos de practicar la idolatría. ¡Hasta aquí podíamos llegar! Por la fe de la Iglesia María no es ninguna diosa. María es una criatura como nosotros, una criatura que Dios escogió para realizar su designio de salvación y que nos fue dada por Jesús mismo como Madre solícita. Si esto no es faltar al respeto debido a las convicciones religiosas de los católicos, ya me diréis qué es si no. Los cristianos, hace falta decirlo también, no adoramos a María. Sólo adoramos Dios, pero aceptamos con gratitud y amor el que Dios ha hecho y hace en María a favor nuestro.
Creo que Coll se queda con una imagen precristiana y pagana de Lourdes que nada tiene que ver con la realidad. Para el autor, los peregrinos, “encienden un cirio y ruegan ante la imagen de la Virgen María, metida dentro de una especie de agujero en forma de coño...”. La terminología sexual del autor seguro que haría las delicias de Sigmud Freud. Finalmente, en la novela, “la cueva conserva la religión primitiva, los antiguos rituales con la piedra, el fuego, y la súplica ante la diosa, y sobre todo con el agua”.
No quiero insistir más ni dedicar más tiempo. Causa admiración que algunos se escandalicen de qué un Rector, en el uso de su ejercicio de magisterio y consejo haya recomendado a sus feligreses que no asistan a la presentación de un libro con semejantes contenidos como los que hemos mencionado. ¡Ver para creer! Hay momentos que un sacerdote, un pastor de la Iglesia, tiene el deber de de intervenir y habla, aunque esto comporte reacciones poco amables. Tengo la convicción de que haber recomendado a los fieles (insisto, a los fieles católicos) el no participar en la presentación del libro no constituye ninguna falta de respeto y mucho menos de espíritu “censor” o inquisidor. Quizás este espíritu lo encontraremos en otras actitudes como afirmar gratuitamente “seguro que el padre no se ha leído el libro”. En mi opinión esto es una acusación implícita de carencia de honestidad intelectual. Quizás hubiera quedado mejor decir “seguro que el padre no ha entendido el que quería decir el libro” y quizás es esto lo que dirá finalmente. También, quizás, deberemos encontrar estas actitudes prepotentes e inquisitoriales entre algunos medios de comunicación que te ponen en la hoguera antes de escucharte y darte la oportunidad de defenderte. Quiero agradecer a todos aquellos medios de comunicación que me han dado la oportunidad de decir el que pienso, en honor de la verdad y la justicia.
Como conclusión de estas reflexiones quiero explicar un hecho que me ha pasado hoy miércoles 21 de mayo. Pasando por la calle he encontrado tres jóvenes de unos dieciséis años. Los he saludado. Como respuesta a mi saludo uno de ellos ha proferido en voz queda pero suficientemente audible una blasfemia. Me he dirigido a él y le he dicho: ¡muy bien, chico! ¡Te felicito por tu buena educación! ¡Con estas actitudes de respeto como las tuyas seguro que construiremos un país con mucho progreso! El pobre ha quedado avergonzado. Me ha dado mucha pena. Desgraciadamente se dan muchas muestras de carencia de respeto a las legítimas convicciones religiosas, especialmente las católicas. Estoy convencido de que esto no es bueno para nadie. Cuando no se dan los signos más elementales de respeto por las personas, se minan seriamente las bases por una convivencia buena y pacífica de una sociedad. Ojalá que este debate contribuya a que todos juntos nos acerquemos más a la verdad de una manera civilizada y amable.
Dr. Joan Antoni Mateo Garcia
Rector de la Parròquia de la Mare de Déu de Valldeflors de Tremp
Profesor de Mariologia en el Institut de Teologia Espiritual de Barcelona
Miembro de la Societat Mariològica Espanyola