LITURGIA AESTIVA

 

 

 

Diversos tipos de celebración de la Misa Tradicional (27/08/2010)

por Dom Gregori Maria

 

24 de julio : Misa en la Parroquia del Rosario en Abbeylex, condado de Laois (Irlanda) oficia el P. Flanagan, O.C.

Algunos sacerdotes de diversos lugares del mundo, la mayoría jóvenes, también de Cataluña, ilusionados con comenzar en su parroquia o comunidad algún tipo de celebración pública de la Misa en la forma extraordinaria, más allá de las misas privadas en las que poco a poco se han ido iniciando, me preguntan qué tipos de celebración pueden llevar a cabo y cual es el más aconsejable para las diversas condiciones pastorales de sus comunidades.

Están deseosos de llevar esa forma litúrgica al pueblo y descubrírsela como ellos la han descubierto. Tienen miedo de que los fieles sean incapaces de comprender rectamente los ritos y las ceremonias y que les resulte “infructuosa” la celebración. Más allá de insistir que aunque todos los ritos les resultasen oscuros e incomprensibles racionalmente no por ello su participación sería “infructuosa”, es decir sin fruto espiritual para sus almas, quiero reiterarles, siguiendo el pensamiento de Pío XII en la “Mediator Dei” que “el ingenio, el carácter y la índole de los hombres son tan variados y diferentes que no todos pueden ser igualmente impresionados y guiados por las oraciones o las acciones sagradas realizadas en común. Además las necesidades y disposiciones de las almas no son iguales en todos ni son siempre las mismas en cada persona”.

Dicho esto, y ateniéndonos a la legislación universal en vigor a partir del Motu proprio “Summorum Pontificum cura” y a los privilegios otorgados y a las costumbres legitimas en uso, deseo recordar que existen diversos tipos posibles de Misas.

Existen misas rezadas y Misas cantadas, según que el celebrante mismo lea o cante las partes que le corresponden.

Las misas cantadas lo son en gregoriano o polifonía clásica. Las diócesis alemanas y austriacas tienen el privilegio de que en las misas cantadas cante el pueblo en lengua vulgar los cantos del ordinario. Es la “Deutsches Hochamt”, la Misa alemana con músicas de Haydn, tan popular desde finales del siglo XVIII.

Pero entre las misas rezadas, pueden distinguirse al menos cinco tipos de celebración:

1º Misa rezada en la que responde sólo el ayudante.

2º Misa rezada dialogada con todos los presentes.

3º Misa rezada dialogada con exhortaciones y lecturas en lengua vernácula hechas por un lector.

4º Misa rezada con cantos.

5º Misa rezada dialogada con exhortaciones y lecturas en lengua vernácula con cantos.

16 de julio: Misa rezada con cantos el día de la Virgen del Carmen en la Parroquia del Ssmo. Salvatore de Silvi (provincia de Téramo-Italia). Celebra el párroco, Don Andrea A. Di Bonaventura.

La Iglesia se preocupa y desea de que en cada una de estas formas de celebración la “actuosa participatio” sea lo más intensa posible. Es evidente que no todos esos tipos son igualmente favorables para la plena participación activa interna y externa, que es el ideal de la vida litúrgica, según nos recuerdan la “Mediator Dei” de Pío XII y la Constitución “Sacrosanctum Concilium” del Vaticano II.

El pastor de almas ha de elegir entre todos el más favorable, según las circunstancias en las que se encuentra su parroquia o comunidad religiosa. Me parece más que evidente que el tipo de misa rezada de una parroquia de un barrio popular de una gran ciudad europea que empieza a iniciarse en la misa extraordinaria no será el mismo que una comunidad contemplativa claustral que llevase años celebrándola.

1º En este sentido, el grado más ínfimo de participación se tiene en la Misa rezada en la que sólo responde el ayudante. Lo cual no significa que, también en este grado, no pueda existir y no exista de hecho una participación verdaderamente fructuosa de los fieles en la liturgia. Existe, ante todo, la posibilidad de que los fieles rueguen realmente asociados, lo mejor que puedan a la acción sagrada, al menos con piadosos pensamientos y meditaciones, según sus posibilidades. Aunque se trate de un grado ínfimo desde el punto de vista del ideal que debemos perseguir, también esta forma es legítima y, a su modo, fructuosa. Un grado más alto en la participación en la Misa rezada en este tipo se tiene en los que siguen privadamente, aún sin responder, las mismas oraciones del sacerdote siguiendo una traducción de las mismas, con su “Misal de los fieles” en la mano. Poco a poco la traducción les hará seguir los ritos para más tarde comprenderlos con fruto.

2º La misa rezada dialogada, en la que responden todos los presentes, puede tener varios grados, en los que es oportuno introducir sucesivamente al pueblo. Primero exhortándolo a responder: “Amen” y “Et cum spiritu tuo”, luego añadiendo también otras respuestas que, de otro modo, debiera hacer el ayudante: las preces al pie del altar con Confiteor incluido, la respuesta al “Orate fratres” y las aclamaciones al inicio del “Prefacio”, por último, haciéndoles recitar junto con el sacerdote el Gloria, el Credo, el Sanctus y el Agnus Dei.

3º Un grado superior de participación litúrgica es la Misa dialogada con exhortaciones y lecturas (epístola y evangelio) hechas en vernáculo por un lector, según las normas y las traducciones aprobadas por la Iglesia.

Sin embargo, las exhortaciones o fervorines deben ser de suma sobriedad y discreción, evitando el peligro de que lleguen a ser una predicación o que distraigan a los fieles en vez de concentrarles en el rito litúrgico rompiendo los intervalos de silencio indispensables para la oración. A mi gusto, con una breve reseña antes de iniciarse la celebración, sobre la misa del día y sus particularidades o una breve referencia al santo conmemorado en la liturgia, es más que suficiente.

4º La misa rezada con cantos en lengua vernácula o con motetes o cantos gregorianos en latín correspondientes a las diversas partes del sacrificio, es otra forma de participación, bajo cierto aspecto, todavía mejor, porque el gran medio de la participación activa es siempre el canto de toda la asamblea. Estos cantos, por expresa prohibición de la Santa Sede, no pueden ser traducciones literales de los textos latinos que en aquel momento lee el sacerdote en el altar. Sin embargo es posible ir combinando Kyries, Gloria, Credo y Agnus con cantos vernáculos y motetes. Es la llamada “Misa solemnizada” que aunque no incluye el canto del Introito ni del Ofertorio o el canto de Comunión o aunque el celebrante no pueda cantar, porque esté impedido o sea incapaz, lo que le corresponde en una misa cantada (oraciones, prefacio, etc…)

5º Por ultimo, la Misa dialogada, con exhortaciones y lecturas en lengua vulgar y cantos en lengua vulgar ofrece también muchas cosas positivas, la más importante es que puede ser un buen eslabón o tramo de tránsito hacia la misa cantada, especialmente en algunas parroquias donde paulatinamente se desea reinstaurar la misa tradicional de manera estable en horario dominical.

Aún con todo, la misa a la que debemos aspirar, todos los que tenemos cura de almas y deseamos acercar la forma extraordinaria al pueblo, es la tradicional misa cantada en gregoriano, incluso mezclando la polifonía clásica (misas de Sancho Márraco, de Vilaseca, de Perosi, etc…) en la que la masa de pueblo presente puede tomar parte activa y vital redescubriendo el canto de la Iglesia y la majestuosidad de la liturgia tradicional. Esta celebración no es sólo cosa de ambientes escogidos y restringidos, de monasterios y fieles selectos.

Con un poco de esfuerzo la Misa cantada en gregoriano no es para especialistas. La ejecución práctica de este tipo de Misa debe ser una de las metas mayores que nos debemos proponer, haciéndola penetrar largamente en todas partes. Debe ser un ideal no para grupos capaces por su conocimiento del latín y habilidad en cantar gregoriano, sino para todo el pueblo fiel. No desestimemos al laicado, no le infravaloremos. No menospreciemos su sensibilidad ni queramos tutelar clericalmente su derecho a la belleza litúrgica de la Tradición de la Iglesia.

Os sorprenderíais como valoran los fieles, incluso en las parroquias más humildes, a un sacerdote considerado que no les trata elitistamente como a gente de segundo orden y que, al contrario, los implica en una educación litúrgica de la parroquia.

¡Que reverdecer litúrgico esta asegurado a las parroquias que tienen esa suerte!


 

Precedentes históricos de la reforma litúrgica posconciliar (20/08/2010)

por Dom Gregori Maria

Una vez concluida la serie litúrgica que ha centrado nuestra atención durante el presente curso, detenida en un seguimiento pormenorizado de todos los pasos que nos llevaron a la reforma litúrgica del 69, muchos están convencidos que nunca existió precedente similar en la historia de la Iglesia.

Y eso, sinceramente, no es así. Porque aunque quizá no adquirió un carácter tan universal ni cuajó en tan breve tiempo como la reforma de 1969, la mayoría de los principios que presidieron los trabajos del “Consilium ad exsequendan liturgiam” los encontramos ya presentes, por ejemplo, en las prescripciones de la Reforma cisterciense en el siglo XII.

Para comprenderla hemos de situarla en su contexto histórico, tan diferente al nuestro.

En el siglo IX, la actividad reformadora de Benito de Aniano en Cluny llevó a la preponderancia de la liturgia en el programa diario de los monjes que abandonaron el trabajo manual exaltando el “opus dei” (el servicio divino) como la única ocupación digna de monjes. Bajo su influencia, la proporción de los servicios sagrados dentro del “horarium” benedictino continuó en aumento hasta que, a mediados del siglo XI, ocupó casi todo el tiempo en las comunidades bajo la regla de Cluny.

Los padres fundadores de Citeaux (Cister) deseaban volver al esquema original de la Regla para la celebración del Oficio Divino, tanto más cuanto su único medio de supervivencia, el trabajo manual de los campos, era incompatible con el horario cluniacense. Por eso en su reforma, a excepción del breve Oficio de Difuntos, omitieron simplemente todos los elementos del oficio canónico añadidos durante los dos siglos anteriores. Esta reforma radical provocó desazón. Sin embargo el hecho de la reducción en gran parte de la duración del Oficio Divino y aún los restantes servicios se realizaran de acuerdo a un modelo de austera simplicidad, no quiere decir que los padres fundadores pasaron por alto la importancia de la liturgia. Al contrario, querían restaurar la Liturgia en su pureza original –afirmaban- incluso acometieron una corrección crítica de toda la Biblia. San Esteban Harding, todavía prior del Cister, en su empresa bíblica consulto incluso a renombrados eruditos judíos, para comprender mejor los pasajes del Antiguo Testamento. Algo parecido a la moderna crítica textual. Incluso en lo musical, su atención recayó también en las cualidades musicales de los libros litúrgicos, acudiendo a los manuscritos de Metz que eran considerados los más fieles a los originales de la época de San Gregorio. Fue ese movimiento reformador algo parecido al primer Movimiento Litúrgico, al de Dom Gueranger y posteriormente San Pío X.

Pero tan pronto como desapareció el gran abad Esteban y sus monjes coetáneos, una segunda generación cisterciense, bajo el liderazgo de San Bernardo, revisó el legado de los padres fundadores, aplicando inexorablemente le principio de simplicidad y perfecto desapego al mundo.

Fue como un segundo Movimiento Litúrgico, sino desviado, sí demasiado ideologizado.

Insatisfechos con las músicas del Antifonario de Metz, el Capítulo cisterciense designó un comité bajo la presidencia del propio San Bernardo para expurgar el canto litúrgico usado en la Orden de pretendidos defectos o superficialidades. Los principios de San Bernardo para este campo son los mismos que había expresado antes en su “Apología” para las artes plásticas.

Para resumirlo brevemente, estos principios daban énfasis a la unidad modal de las melodías, excluían cualquier mezcla de los modos “auténtico” y “plagal” e insistían en la ley de la duración. La reforma la llevó a cabo Guido de Cherlieu con una obsesión por la brevedad y simplicidad ( a modo de reacción) que mutiló el canto gregoriano.

Por reacción y oposición a la exhuberancia litúrgica cluniacense, las reformas cistercienses se obsesionaron con los principios de pobreza y simplicidad. Estaba prohibida cualquier decoración del santuario o altar, a excepción de un crucifijo de madera, dos cirios únicamente en el altar en los extremos de la mensa, se eliminó el uso de metales preciosos en los vasos sagrados, los ornamentos estaban hechos únicamente de lino o lana, sin ninguna variación de color o calidad. Capas pluviales, dalmáticas y tunicelas fueron ornamentos litúrgicos prohibidos. Las insignias pontificales para los abades (mitra, anillo y sandalias) fueron otorgadas por vez primera al abad de Poblet en 1337, Claraval los acepto en 1376 y el Cister en 1380. El número de misas diarias se redujo a uno, que era cantada después de Tercia. En las grandes festividades se añadía una misa rezada después de Prima. En días de semana, la Misa Mayor conventual se celebraba con un solo acólito, posiblemente un diácono. No se recomendaba, aunque no se prohibía, la celebración diaria de misas privadas. Recuérdese que la misa diaria por los muertos de la Orden y de los parientes y benefactores difuntos pertenece a las costumbres cistercienses más antiguas.

La misa medieval cisterciense ostentaba un cierto número de peculiaridades notables, en comparación con la liturgia romana que prevaleció posterior y universalmente. Algunos de los rasgos de la antigua misa cisterciense parecen un presagio de muchas de las innovaciones más recientes.

No se recitaba el salmo 42 al pie del altar, tenían un “Confiteor” abreviado parecido al mutilado por la reforma del 69. Hasta el Ofertorio el papel del celebrante consistía en cantar o rezar la oración colecta. Todo lo demás –lecturas y cantos- lo realizaban los acólitos y el coro. No había palia o velo cubriendo el cáliz, que estaba protegido por una esquina del corporal plegada sobre el mismo. La elevación no se prescribió en la Orden hasta el 1210. Había menos genuflexiones que en el rito romano. Una serie de “sufragios por la paz” seguian al Padrenuestro. Se cantaba el embolismo después del Padrenuestro (Libera- “Líbranos Señor de todos los males”) tal como hoy se hace en las misas más solemnes. Hasta 1261, todos los comulgantes recibían ambas especies (el vino con una cánula). La misa terminaba con el “Ite, missa est” sin añadir el último evangelio.

Con la llegada del siglo XV, el espíritu del Renacimiento se infiltró en todos los monasterios, y cayó en el olvido la clásica sencillez del Cister del siglo XII, que algunos juzgarán maravillosa y que otros calificarán de muy negativa contribución al desarrollo litúrgico posterior. No hace falta reiterar que para algunos de los que llevaron a cabo la reforma posconciliar y su aplicación, la reforma cisterciense del siglo XII no les era desconocida, sino un precedente histórico a imitar.


 

La frescura de la antiguedad y el aroma de Italia (14/08/2010)

por Dom Gregori Maria

A Josep Pla, ese gran genio que nuestra tierra ha regalado a la literatura contemporánea, le gustaba repetir a todos aquellos que lamentándose del estado de cosas buscaban referentes de rearme moral y espiritual: “¿Qué hacéis aquí? Id a Italia”. (Què feu aquí? Aneu a Italia.) Sin duda los años de exilio trascurridos en Roma, esperando el final de nuestra guerra, le abrieron los sentidos y el corazón a la cultura italiana e hicieron de él un enamorado del que, por antonomasia es conocido como “il Bel Paese”, en razón de su clima y de sus bellezas artísticas y naturales.

El antídoto de “italianidad” sugerido por Pla a los que corren el riesgo de encerrarse en el provincianismo, olvidando las raíces culturales que dan sentido a nuestro ser, sigue siendo de plena actualidad.

Hemos sido engendrados por Roma, de ello no hay duda, y aunque el país transalpino también ha sido victima de la crisis de valores que se cierne sobre todo Occidente, aún puede ofrecernos estándares válidos como patrones de interpretación y paradigmas de solución para los problemas más profundos de nuestra sociedad.

Saco a colación este tema porque este mes de agosto, en el que exento de las obligaciones pastorales he celebrado la Santa Misa de manera solitaria todos los días en la forma extraordinaria del rito romano, ha sido espiritualmente un viaje virtual a Italia, a lo más hermoso y a lo más fresco de la historia espiritual de nuestra Iglesia, y todo ello sugerido por el calendario romano tradicional en sus celebraciones cotidianas (excepto lógicamente los domingos).

Todo empezó el lunes día 2, con la fiesta de San Alfonso Maria de Liguori, el gran apóstol de la Italia meridional del siglo XVIII, con conmemoración del papa San Esteban I el que prohibió rebautizar a los herejes que buscaban la plena comunión con la Iglesia, para que no quedase oscurecida la unión bautismal de los cristianos con Cristo, que debe realizarse una sola vez. Y cómo no elevar en ese día nuestro pensamiento a la Virgen de los Ángeles y a la “Porciúncula” de Asís.

El martes 3 de agosto no quise olvidar al beato Francisco Bandrés Sánchez y siendo feria, celebré la misa de su festividad. Salesiano natural del Pirineo oscense que trabajó mucho y bien, siendo además gran anima­dor de la música, en los colegios de la calle Rocafort y en Mataró, donde fue seis años director. Recé por mi querida Mataró tan probada eclesialmente en la actualidad. Director después de Sarriá, el Padre Bandrés afirmó su condición sacerdotal noblemente ante los milicianos y fue martirizado en Barcelona ese mismo día del año 36.

Y el miércoles 4 nuestro gran Domingo de Guzmán y con él toda la familia de Predicadores en el altar. Recordé mi querida Universidad Pontificia de San Tomás en Roma, el “Angelicum” y a todos los buenos maestros que allí me ayudaron a comprender y a amar más a Dios según la escuela de Domingo.

No abandoné espiritualmente Roma pues el día después, la fiesta de la Dedicación de Santa Maria la Mayor, la basílica liberiana de las Nieves, me reconfortó enormemente. “Salus Populi Romani” llama la piedad de los fieles romanos allí a Maria Santísima.

El viernes 6, la fiesta de la Transfiguración del Señor, no eliminaba el recuerdo del martirio del papa San Sixto II y sus diáconos Felicísimo y Agapito, que fueron martirizados al inicio de la persecución de Valeriano. De la misma manera que al día siguiente la fiesta de San Cayetano no borraba el recuerdo de San Donato, segundo obispo de la toscana Arezzo, insigne confesor de la fe, alabadísimo por el papa San Gregorio Magno.

Y el lunes 9, la vigilia del diácono mártir San Lorenzo. Vigilia que se celebra en razón de la importancia que en la antigüedad cristiana tenía esa solemnidad, la segunda en la Ciudad Eterna después de la de los Apóstoles Pedro y Pablo. Esa vigilia incluye una conmemoración del soldado San Román, que movido a penitencia por la constante confesión de San Lorenzo, pidió a éste le bautizase para morir después decapitado. ¿Cómo no recordar en el memento a nuestro joven obispo de Vich, Mn. Casanova en el día de su onomástico? ¡Que Dios bendiga su ministerio y lo llamé aún a más si lo cree apto y necesario! Ya en el transcurso de la noche y rezando cansado el rosario, esperé ver las lágrimas de San Lorenzo, la esperada lluvia de estrellas de las Perseidas que fue llegando con cuentagotas. Durante la espera encomendé a todos mis amigos de Huesca, que son muchos, ciudad natal del mártir hispano. ¡Qué hermosa liturgia la que la Iglesia de Roma reserva a nuestro Lorenzo para el día 10! ¡Cómo la han empobrecido los esbirros de Bugnini!

Y el miércoles 11 el recuerdo del martirio de San Tiburcio en el cementerio llamado «Ad duas lauros», en la vía Labicana, a tres millas de la ciudad, cuyas alabanzas cantó el papa san Dámaso, y junto a él, la conmemoración de la sobrina del papa Cayo en la primera mitad del siglo III, hija del presbítero san Gabinio, familia próxima del emperador Diocleciano, que quiso casarla con su hijo adoptivo Maximiano. Rehusó ésta tan atractivo ofrecimiento, lo que extrañó al emperador sobremanera. Al preguntarle a qué era debida su actitud, replicó Susana que siendo cristiana no podía contraer matrimonio con un pagano, a no ser que éste se convirtiese. Fue indescriptible la ira del emperador ante la insolencia de Susana. Mandó que la hiciesen recapacitar por las buenas o por las malas. Se emplearon a fondo cuantos la querían bien, pero ella se mantuvo imperturbable. Finalmente, el emperador muy a pesar suyo mandó decapitarla. La emperatriz, que le tenía gran afecto, hizo retirar su cuerpo, y se cuidó de embalsamarlo y custodiarlo junto muy cerca de las Termas de Diocleciano y donde en el siglo V se construyó una basílica en su honor.

¡Y que frescura de nuevo, que transparencia con Clara el jueves 12! Otra vez Asís y aquella historia de amor que hizo reflorecer a la Iglesia. Encomendé en la misa al Dr. Jubany que nació en este día y que siempre, hasta el final de sus días se enorgullecía de haber nacido el día de Santa Clara, calendario pre-reforma evidentemente.

Finalmente ayer la conmemoración del carcelero de San Lorenzo, Hipólito, que como Román, fue convertido y bautizado por éste y que poco después sufrió el martirio. Junto a él, el recuerdo del maestro Casiano que en el año 303 fue martirizado por sus mismos discípulos en testimonio de su amor a Cristo. Recordando al pedagogo cristiano encomendé a todos los profesores que tienen que sufrir en el ejercicio de su profesión, victimas de sus alumnos, y más si cabe, por querer ser fieles a su conciencia cristiana.

Después de esta retahíla litúrgica de nombres, anécdotas e historias sugeridas en estos primeros días de agosto por el nuevamente vigente Misal de Juan XXIII del 62, contéstenme mis lectores y díganme si esta Liturgia no nos pone más en conexión con la frescura de la antigüedad cristiana y con el aroma siempre reconfortante de nuestra amada Italia, cuna y pilar de la Iglesia, que no ese nuevo calendario “depurado” que de golpe ha querido prescindir de conmemoraciones antiguas y que más allá del recuerdo de los cinco o seis santos principales de esa primera quincena ha relegado al olvido todos los demás, cancelándolos de la memoria comunitaria. Ellos conformaron la Iglesia Romana primitiva y son el resplandor más luminoso de la Civilización que nos engendró a la fe.

Los sacerdotes actuales necesitamos antídotos de romanidad y parámetros de “italianidad” tanto como siempre. ¡Gracias queridísimo Papa Benedicto por habérnoslos procurado con el Motu Proprio!


 

De una plegaria eucarística a muchas: cómo sucedió y por qué (3 de 3) (1/08/2010)

por Dom Cassian Folsom, O.S.B.

10. Plegarias Eucarísticas Especiales

Aunque ciertamente se había empujado la puerta para cerrarla, no había sido un portazo, ya que la carta circular incluyó la siguiente disposición: «Movida por el amor pastoral a la unidad, la Santa Sede se reserva para sí el derecho a regular un asunto tan importante como la disciplina de la plegarias eucarísticas. La Sede Apostólica no se negará a examinar necesidades legales dentro del rito Romano y dará toda consideración a las peticiones presentadas por las Conferencias de obispos para la posible composición, en circunstancias especiales, de una plegaria eucarística nueva y su introducción en la liturgia. La Sede Apostólica establecerá las normas que deben observarse en cada caso»27.

Como la puerta quedó parcialmente entreabierta, la gente se atrevió a llamar. La Congregación para el Culto Divino fue la primera en tomar la iniciativa y, en cuestión de días, pidió al Papa el 3 de mayo de 1973, «el permiso para preparar uno o dos fórmulas para las misas con niños, y lo concedió» (Bugnini, p. 421).

Pronto llegó una solicitud para anáforas especiales para el Año Santo de 1975; el permiso fue concedido el 29 de octubre de 1973. Con objeto de preparar estos textos, otro grupo de estudio fue creado. En su primera reunión, del 13 al 15 de noviembre de 1973, se decidió que se compusieran tres oraciones eucarísticas para misas con niños y dos para el Año Santo28.

Los proyectos de textos iban y venían entre la Congregación para el Culto Divino, la Congregación para la Doctrina de la Fe y la Secretaría de Estado (cfr. Bugnini, p. 422-424).

La decisión del Santo Padre vino el 26 de octubre de 1974, en el sentido de que los tres textos para niños y los dos para el Año Santo fueron autorizados para experimentación por un período de tres años, es decir, hasta finales de 1977, pero no debían publicarse oficialmente o incluirse en el Misal Romano. Además, la Congregación para el Culto Divino debía enviar una carta a los presidentes de las Conferencias Episcopales indicando que cada Conferencia podía elegir una oración de cada categoría29. (A finales de 1977, el permiso se extendió hasta 1980 y luego de forma indefinida)30.

11. Sínodo de Suiza, Holanda, Brasil

Al mismo tiempo que la Congregación para el Culto Divino estaba trabajando en estos textos, diversas Conferencias Episcopales fueron haciendo también sus peticiones. Suiza, con ocasión de su Sínodo, recibió permiso el 13 de febrero de 1974 para una plegaria eucarística con 4 variaciones temáticas (el resultado parece realmente como 4 plegarias diferentes).

Los Países Bajos recibieron permiso el 16 de agosto de 1974 para una plegaria eucarística nueva con ocasión de un Coloquio pastoral celebrado el 1 de noviembre de 1974.

Brasil también recibió permiso para una anáfora nueva el 11 de noviembre de 1974 para su Congreso Eucarístico Nacional. Algunas otras peticiones fueron rechazadas, sin embargo (cfr. Bugnini, p. 426).

12. Continúa la presión para más opciones

Debido a que aún quedaban cuestiones sin resolver, y se seguían utilizando oraciones eucarísticas no autorizadas, la Secretaría de Estado el 22 de abril de 1975, envió algunas directrices y orientaciones a la Congregación para el Culto Divino con el fin de abordar más eficazmente estos problemas. Estas directrices fueron bastante restrictivas, insistiendo en que debía seguirse el procedimiento adecuado, y subrayando que «deben tenerse como oficiales y definitivas solamente las cuatro anáforas incluidas en el misal» (Bugnini, p. 425).

Bugnini interpreta así la cuestión:

«Lo que se pretendía era que la Congregación siguiese estrictamente el proceder jurídico de la Curia romana. Otros, sin embargo, vieron en ello un medio de impedir eventuales concesiones de otras plegarias eucarísticas» (Bugnini, p. 425).

Las peticiones especiales continuaron llegando desde Bélgica y los Países Bajos, con el fin de obtener la aprobación oficial de anáforas experimentales que se habían estado usando desde 1969 (véase Bugnini, p. 424-425). Estas solicitudes recibieron una reacción decididamente negativa en la reunión conjunta ordinaria de la Congregación para el Culto Divino y la Congregación para la Disciplina de los Sacramentos.

Sin embargo, Bugnini personalmente presionó al Santo Padre para que hiciera algún tipo de gesto positivo, incluso si la solicitud en su totalidad no se podía conceder: a saber, que se permitiera a Bélgica una de las cinco anáforas solicitadas, y que se permitiera a los Países Bajos el uso continuado de la oración eucaristía que ya había sido aprobada para el Coloquio pastoral holandés del año anterior. El Papa Pablo VI siguió la indicación de Bugnini y el permiso fue otorgado el 8 de julio de 197531.  

II. ¿POR QUÉ OCURRIÓ?

La descripción histórica de qué sucedió para que se pasara de una tradición milenaria y monolítica de una sola oración eucarística a una nueva situación de muchas oraciones diferentes, es larga y compleja en sus diversas etapas. No obstante, qué pasó es algo verificable y concreto. Un análisis de por qué sucedió esto es, en cambio, por su propia naturaleza, más especulativo. Me gustaría proponer seis razones fundamentales.

1. Los avances en los estudios litúrgicos

La primera razón es muy sencilla. Décadas de investigación académica en el área de la anáfora , tanto oriental como occidental, había dado lugar a un corpus considerable de textos primarios y a un organismo correspondiente de literatura secundaria.

El ejemplo más notable de este avance en los estudios litúrgicos es la edición de Anton Hänggi y Irmgard Pahl de Prex Eucharistica , una antología de anáforas y de oraciones tipo anáforas de la liturgia judía, el Nuevo Testamento, textos antiguos de los inicios de la época patrística, anáforas orientales de las diversas familias litúrgicas orientales, y anáforas occidentales tanto de los ritos occidentales Romano y no-Romano32. Este volumen fue publicado en 1968. Por tanto, los textos de anáforas antiguas estaban ya disponibles.

2. La insatisfacción con el Canon romano y el funcionalismo arquitectónico

Una segunda razón para el cambio de una oración eucarística a muchas fue el descontento, por parte de algunos especialistas en liturgia, con el Canon romano.

Me gustaría argumentar que existe una conexión entre esta insatisfacción y el funcionalismo arquitectónico del siglo XX.

El hombre que mejor ilustra esta teoría es Cipriano Vagaggini. En el libro de Vagaggini sobre el Canon romano, preparado para el Grupo de Estudio 10 del Consilium (el grupo responsable de la aplicación de la reforma del Concilio), el argumento fundamental en favor del cambio es que el Canon romano está deteriorado por graves defectos de estructura y de teología. (Él habla de los méritos del Canon romano, pero esa sección es mucho más corta).

Vagaggini resume su argumento con estas palabras:

«Los defectos son innegables y de no poca importancia. El actual Canon romano peca de diversas maneras contra aquellos requisitos de buena composición litúrgica y de sensato sentido litúrgico en que hizo hincapié el Concilio Vaticano II»33.

Según Vagaggini, los defectos estructurales se manifiestan en el desorden del Canon. Da la impresión de una aglomeración de elementos sin aparente unidad, hay una falta de conexión lógica de las ideas, y las diversas oraciones de intercesión se organizan de una manera insatisfactoria.

Los documentos oficiales publicados por el Consilium con objeto de justificar el cambio, repiten esta misma línea de argumentación. Por ejemplo, las directrices emitidas el 2 de junio de 1968 para ayudar a la catequesis sobre las anáforas de la Misa dicen:

En el vigente Canon romano la unidad y la secuencia lógica de sus ideas no son ni inmediata ni fácilmente perceptibles. Deja la impresión de una serie de discretas oraciones meramente yuxtapuestas; requiere un grado de reflexión para la comprensión de su unidad34.

En cambio, las tres anáforas nuevas —continúan las directrices— se caracterizan por la continuidad de pensamiento y la claridad de estructura.

No sólo el Canon romano está desfigurado por defectos estructurales, según Vagaggini, sino que hay una serie de defectos teológicos. El más grave de estos problemas teológicos es el número y el desorden de oraciones de tipo epicléticas en el Canon y la falta de una teología de la función desempeñada por el Espíritu Santo en la Eucaristía.

El historiador litúrgico Josef Jungmann se opone a esta crítica de Vagaggini señalando que Vagaggini es un teólogo sistemático que quería imponer una determinada estructura teológica preconcebida de la oración eucarística. Como Vagaggini tenía un interés especialmente acuciante en la dimensión pneumatológica de la liturgia, sus nuevas Plegarias Eucarísticas (III y IV) dan un decidido énfasis al Espíritu Santo.

Jungmann se refiere al famoso libro de Vagaggini, Il senso teologico della liturgia , para reforzar su argumento. Lo que tenemos aquí, dice Jungmann, es la teología personal del autor (énfasis añadido), no la teología universal de la Iglesia35.

Además, es preciso señalar que, aunque la preocupación pneumatológica de Vagaggini es loable en sí, es anacrónico culpar a un texto antiguo de falta de claridad en este ámbito, sobre todo cuando el Canon romano fue compuesto absolutamente fuera del ámbito de controversias doctrinales del siglo cuarto sobre la naturaleza y el papel del Espíritu Santo.

Ya sea hablando de la estructura o de la teología, parece que el principal argumento es que el Canon romano es desordenado. En el curso de su desarrollo se extendió a partir del texto central original, de la misma manera que una antigua casa de campo se desarrolla a partir del edificio original36: un ala se añade aquí, un piso extra se construye allí, una puerta se abre en la pared donde solía haber una ventana, otras ventanas se tabican, y nuevos huecos de escaleras son necesarios debido a ciertos añadidos, mientras que otros se hacen inútiles. Se añaden elementos decorativos “porque corresponden”. En los lugares más escondidos y lejos de las vistas exteriores aparece carpintería fina trabajada y piedra labrada. Cada parte de un edificio antiguo tiene su propia historia, y los antiguos caserones como este son una verdadera maravilla: pero no están aseados. Además, no fueron equipados originalmente con comodidades modernas como fontanería interior y electricidad, y así nosotros, modernos, a veces encontramos estas casas inconvenientes.

Las casas modernas, en cambio, suelen ser habitualmente funcionales y eficientes, pero a menudo construidas con materiales baratos, y muy frecuentemente poco atractivas a la vista. Si esto se aplica a los hogares, aún más se aplica a los edificios públicos, que en este siglo han alcanzado nuevas cotas de fealdad.

Los reformistas litúrgicos se opusieron al desorden arquitectónico del Canon romano y quisieron reemplazarlo con algo más ágil y funcional.

Haría falta alguien versado en la historia y en la teoría de la arquitectura para sacar todas las consecuencias de lo que estoy sugiriendo —o refutar esta intuición, si fuera el caso—. Pero me pregunto si tal vez la reacción contra el desorden del Canon romano no está quizá relacionado con el espíritu moderno del funcionalismo arquitectónico.

3. El “espíritu de los tiempos” (Zeitgeist) de finales de los sesenta

Una tercera razón para los cambios se puede encontrar en el Zeitgeist —el espíritu de los tiempos— secular y teológico de finales de los sesenta. En el orden secular, este período de tiempo se caracterizó por un rechazo masivo y, a veces, anárquico de la estructura y la autoridad.

El Concilio Vaticano II coincidió con un período en la historia occidental marcada por una profunda y revolucionaria transformación en el pensamiento social y en las costumbres. Este era el viento que soplaba, cuando el Concilio abrió optimistamente las ventanas de la Iglesia al mundo.

Dentro de la Iglesia, la estructura teológica que existía inmediatamente antes del Concilio —que en su presentación general había sido quizá demasiado defensiva y demasiado sintetizada—, se derrumbó rápidamente, siendo reemplazada por una nueva ola de experimentación teológica y de reformismo.

Desde un punto de vista político, parece que no es casualidad que la enorme cantidad de plegarias eucarísticas no autorizadas que había en circulación provinieran principalmente de Francia, Alemania, Bélgica y los Países Bajos, los países que formaban la columna vertebral de la alianza progresista del norte de Europa en el Concilio. El Consilium favoreció claramente este enfoque progresista.

La combinación de fuerzas seculares y teológicas a finales de los años sesenta tuvieron mucho efecto en la liturgia. La anarquía litúrgica, que siguió como resultado, dejó huellas que aún hoy son patentes. Cuántas veces los documentos oficiales han citado —sin éxito— el texto de la Sacrosanctum Concilium 22:

«La reglamentación de la sagrada Liturgia es de competencia exclusiva de la autoridad eclesiástica; ésta reside en la Sede Apostólica y, en la medida que determine la ley, en el Obispo. (…) Por lo mismo, nadie, aunque sea sacerdote, añada, quite o cambie cosa alguna por iniciativa propia en la Liturgia».

El absoluto desprecio de la autoridad es una de las características más notables del Zeitgeist de finales de los sesenta.

4. El desplazamiento teológico hacia lo “horizontal”

Parte del cambio teológico postconciliar fue un nuevo énfasis en las realidades de este mundo, que a menudo tuvo resultados en un estilo de oración que era decididamente horizontal y centrada en el hombre. El énfasis hierático, sacral y trascendente del Canon romano, por contraste, fue considerado como pasado de época y teológicamente incorrecto. Esta es una cuarta razón para el cambio de una oración eucarística a muchas.

5. La lengua vernácula y la variedad

A menudo se postula que mientras el Canon romano se decía en el latín original, nadie era muy consciente de sus defectos —presuponiendo que el conocimiento del latín del sacerdote medio no era suficiente para discernir estas cosas—. Este es uno de los argumentos de Vagaggini:

«Por ejemplo, supongamos que el canon se dijera en voz alta en la lengua vernácula de hoy, en consonancia con el espíritu de la liturgia y como un medio de dar beneficio espiritual completo a las personas… Pronto nos daríamos cuenta de lo grave que son los problemas litúrgicos y pastorales que surgen del texto. Si sólo unos pocos sacerdotes son conscientes hasta el momento de estas cuestiones, es porque muchos han tenido la conciencia embotada por la rutina y por una recitación más o menos mecánica — incluso con un espíritu general de devoción— de un texto en una lengua muerta. Y esta rutina oculta los problemas de manera bastante eficaz. Pero ¿durante cuánto tiempo puede continuar esta situación? »37.

No sólo que se dijera el Canon en lengua vernácula revelaría sus defectos, según esta escuela de pensamiento, sino que también llegaría a ser repetitivo y monótono. Esta línea de pensamiento se refleja en la propuesta que el cardenal Lercaro, presidente del Consilium , presentó al Papa Pablo VI el 20 de junio de 1966:

«El Canon romano, sobre todo si se recita en voz alta, resulta pesado por su misma invariabilidad y por sus elementos demasiado locales, como son las listas de los santos» Bugnini, p. 396.

Por tanto, se propusieron plegarias alternativas en aras de la variedad. Sin embargo, el argumento acerca de la variedad no es infalible. Si bien es verdad que una cierta cantidad de variedad ayuda a mantener el interés del oyente, demasiada variedad puede ser destructiva de una de las normas básicas de cualquier acción ritual: su repetibilidad. Este principio antropológico —el papel de la memoria— actúa en la práctica real: la Plegaria Eucarística II y la III se utilizan tan a menudo que la mayoría de la gente las han aprendido de memoria.

Una anécdota personal puede ilustrar este punto muy bien. Cuando yo estaba aprendiendo italiano, elegía habitualmente la Plegaria Eucarística II porque era la más corta y la más fácil de “lograr” para un extranjero. Cuando tropezaba con una palabra o una frase, la anciana que servía como sacristán, sentada en el primer banco, gritaba la corrección en voz alta y clara, de memoria.

La cuestión es que, incluso en términos de plegarias eucarísticas, los sacerdotes —y la gente— tienden a elegir igualdad sobre variedad.

6. Un nuevo formalismo

Una sexta razón para el cambio de una oración eucarística a muchas es un desplazamiento muy simple del formalismo de antiguo rito al formalismo de nuevo rito.

Por formalismo me refiero al deseo de observar los ritos prescritos, pero para llevarlos a cabo lo más rápidamente posible para pasar así a cosas más importantes. Según este espíritu —que lo hace multitud—, el criterio supremo es la brevedad. Y la Plegaria Eucarística más corta es la II.

Estas seis razones no pretenden ser exhaustivas. Tal como están, sin embargo, quizá pueden servir como un estímulo para el debate.

Propuesta de resumen

Después de haber estudiado cómo llegamos de una oración eucarística a muchas, y después de ofrecer algunas razones de por qué las cosas sucedieron como lo hicieron, ahora es el momento de plantear la cuestión: ¿cómo debemos responder a esta situación? Estos comentarios míos están dirigidos ahora específicamente a sacerdotes.

Mi propuesta no es radical. Una vez que se han construido otras casas modernas alrededor de la vieja casa de campo, uno no puede tirarlas abajo.

Además, las casas modernas tienen sus propias características y comodidades. Más bien, me gustaría proponer un re-descubrimiento de la belleza del Canon romano y de la trascendencia y santidad de Dios que comunica. Se podría recomendar que los sacerdotes leyeran y estudiaran en este ámbito, pero en la práctica, la mayoría de los sacerdotes tienen poco tiempo para el estudio adicional.

De ahí, en lugar de eso, la siguiente propuesta modesta: ¿Por qué no se utiliza el Canon romano con más frecuencia, y se llega a amarlo con el uso? ¿Cuánto tiempo más se añade a la misa: tres o cuatro minutos, quizá? Si el Canon romano ocupara de nuevo el puesto de honor, entonces las otras plegarias eucarísticas podrían ser utilizadas como anáforas auxiliares o complementarias, en aras de la variedad, según las necesidades pastorales.

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27 Id , p. 625.

28 Para más información sobre la composición de estos textos, cfr. Bugnini, p. 421-422.

29 Decreto de la Congregación para el Culto Divino aprobando nuevas plegarias eucarísticas para las misas con niños y para la Reconciliación, 1 de noviembre de 1974: “ Postquam de Precibus ”, Notitiae 11 (1975) 4-6. La Instrucción “Plegarias eucarísticas para misas con niños y para misas de Reconciliación” fue publicada el mismo día: Notitiae 11 (1975) 7-12.

30 Cfr. Bugnini, p. 424, n. 52. Para los textos oficiales, cfr. Notitiae 13 (1977) 555-556 y Notitiae 17 (1981) 23. El texto latino de las dos anáforas de Reconciliación no fue publicado hasta 1983, con ocación del especial Año Jubilar de la Redención: Notitiae 19 (1983) 270-279.

31 Al día siguiente, 9 de julio de 1975, la Congregación para el Culto Divino fue suprimida y el arzobispo Bugnini fue relevado de su cargo. Por supuesto, post hoc no significa necesariamente propter hoc .

32 Anton Hänggi - Irmgard Pahl, Prex Eucharistica: Textus e Variis Liturgiis Antiquioribus Selecti, Fribourg: Éditions Universitaires, 2, 1968. Los otros colaboradores de la obra fueron Louis Ligier, Joseph Jungmann, Alphonse Raes, Leo Eizenhöfer and Jordi Pinell.

33 Vagaggini, p. 90.

34 " Au cours des derniers mois ," Notitiae 4 (1968) 148-155.

35 « Es ist nicht nur der ökumenische Zug unserer Zeit, der sich der Denkweise orientalischer Theologie anzunähern bestrebt ist, sondern darüber hinaus man muss nur Vagagginis Darstellung liturgischer Grundbegriffe vor Augen haben auch ein gutes Stück persönlicher Theologie des Verfassers .» Josef Jungmann, “ Um die Reform des römischen Kanons: eine kritische Stellungnahme zu C. Vagagginis Entwürfen ”, Liturgisches Jahrbuch 17 (1967) 11.

36 Bernard Botte relata una opinión común en circulación en 1968 sobre el Canon romano: « On le comparait à un vieil édifice qui, au cours des âges, s'était surchargé d'ornement superflus qui en avaient détruit l'harmonie. La comparaison est boiteuse». Bernard Botte, " Où en est la réforme du Canon de la Messe? ", Les Questions Liturgiques et Paroissiales 49 (1968) 139.

37 Vagaggini, p. 22.


 

De una plegaria eucarística a muchas: cómo sucedió y por qué (2 de 3) (24/07/2010)

por Dom Cassian Folsom, O.S.B.

5. Pasos en el proceso hacia la promulgación oficial

De manera muy esquemática, estos son los pasos que el texto de las nuevas plegarias eucarísticas recorrió para recibir su aprobación final (cfr. Bugnini, p. 406- 409):

a) Abril de 1967: el esquema fue aprobado por el consejo presidencial del Consilium , y luego por los Padres. Fue enviado al Papa el 3 de mayo de 1967. (El esquema también incluyó nueve nuevos prefacios).

b) El Santo Padre ordenó que el esquema se enviará a la Congregación para la Doctrina de la Fe y a la Congregación de Ritos (junio de 1967). La CDF no aprobó la anáfora —literalmente, “ofrenda”, otro nombre para la oración eucarística— alejandrina de San Basilio por el problema teológico de la epíclesis (invocación del Espíritu Santo).

c) 10 de julio 1967: con vistas al próximo Sínodo de Obispos, el Papa Pablo VI escribió al Consilium con estas instrucciones: «Puede procederse a la preparación de un folleto [que contenga las anáforas nuevas] para presentarlo a los Rdmos. Padres en el próximo sínodo: sin embargo, bien considerado todo lo que se refiere a la fórmula de la consagración, es oportuno que no sea modificada»16.

d) El Sínodo de Obispos se celebró en octubre de 1967. Entre las cuestiones litúrgicas en discusión estuvo la cuestión de las nuevas oraciones eucarísticas. Una serie de “preguntas pontificias” se presentaron antes a los Padres para una votación el 14 de octubre de 1967; entre ellas la pregunta: “¿Se aprueba que además del Canon romano se introduzcan en la liturgia latina otras tres plegarias eucarísticas?”. De los 183 Padres con voto, una gran mayoría dijo que , 22 dijeron que no , y 33 dijeron que sí, con cualificaciones ( placet iuxta modum )17. Los modi son los siguientes:

1. El Canon romano debe ocupar siempre el lugar de honor y ser usado los domingos y fiestas más solemnes.

2. Dense normas bien concretas sobre el uso de una u otra forma; no se deje a elección del celebrante.

3. Las plegarias eucarísticas nuevas sean solo para grupos selectos bien preparados.

4. Antes de ponerlas en práctica, sométanse al examen de las Conferencias Episcopales, e instrúyase bien a los fieles.

5. No se admitan sólo tres nuevas plegarias eucarísticas, sino más, tomándolas de las liturgias orientales; además, dese a las Conferencias Episcopales la facultad de componer otras propias.

6. Sea revisado también el Canon romano, para facilitar su uso.

Como se puede ver, no todos los modi seguían la misma línea de argumentación. Bugnini comenta que el valor de la votación fue “muy relativa” porque los Padres no estaban votando como representantes reales de sus conferencias episcopales, sino como obispos individuales (Bugnini, p. 308). En cualquier caso, la respuesta del Sínodo fue ampliamente favorable.

e) Sin embargo, la publicación de las nuevas oraciones eucarísticas se retrasó. Bugnini atribuye la demora a las “acostumbradas injerencias”. Además, el Secretario de Estado insistió el 28 de enero de 1968, en que una instrucción adecuada se publicaría junto con los nuevos textos.

f) La aprobación definitiva fue dada el 27 de abril de 1968.

g) Las tres nuevas oraciones eucarísticas fueron promulgadas por un decreto de la Congregación de Ritos el 23 de mayo de 196818, que también determinó que las plegarias podían utilizarse a partir del 15 de agosto de 1968.

h) El mismo día fue publicado el documento “Normas sobre el uso de Plegarias Eucarísticas I-IV”19. Ya que estas normas no son muy conocidas, vale la pena citarlas aquí:

1. La Plegaria Eucarística I, es decir, el Canon romano, puede utilizarse siempre; su uso es especialmente adecuado a los días asignados a un Communicantes propio o a un Hanc igitur propio; a las fiestas de los apóstoles y de los santos mencionados en esta Plegaria; también a los domingos, a menos que razones pastorales reclamen una plegaria eucarística diferente.

( Esta norma, en efecto, reduce el uso del Canon romano a unas pocas ocasiones especiales )20.

2. Debido a sus características distintivas, la Plegaria Eucarística II se adapta mejor a los días de semana o a ocasiones especiales. ( Esta norma, en efecto, amplía el uso de esta Plegaria Eucarística; el rasgo distintivo más destacado se refiere a su brevedad ).

3. La Plegaria Eucarística III se puede utilizar con cualquiera de los Prefacios; como el Canon romano, debe tener prioridad los domingos y festivos. ( Esta norma, en efecto, sustituye el Canon romano con la Plegaria Eucarística III ).

4. La Plegaria Eucarística IV tiene un prefacio inmutable… Se puede utilizar siempre que una misa no tenga prefacio propio; su uso es particularmente adecuado para una congregación de personas con un conocimiento más desarrollado de la Escritura. ( Esta norma, en efecto, limita el uso de esta Plegaria Eucarística a raras ocasiones: no puede ser usada durante los tiempos fuertes cuando hay un prefacio propio, es decir, Adviento, Cuaresma, Semana Santa. Además, la nota un poco condescendiente con una congregación más educada, si se toma en serio, limitaría aún más su uso ).

i) Una semana o así más tarde, el 2 de junio de 1968, el nuevo presidente del Consilium , el cardenal Benno Gut, envió una carta a los presidentes de las Conferencias Episcopales21, junto con directrices para ayudar a la catequesis de las anáforas de la misa22.

j) La Constitución Apostólica Missale Romanum fue promulgada el Jueves Santo, 3 de abril de 1969, pero, debido a fuerte controversia, la editio typica no se expidió hasta el Jueves Santo del año siguiente, 26 de marzo de 1970.

6. Problemas después de la promulgación oficial de las nuevas plegarias eucarísticas

Se podía haber esperado que la publicación oficial del nuevo Misal, con tres nuevas plegarias eucarísticas además del Canon romano, habría puesto fin a la experimentación sin límites. «Se esperaba que la publicación de las nuevas plegarias eucarísticas sirviese para eliminar o atenuar este fenómeno [de las muchas composiciones privadas en circulación]», escribe Bugnini. «Pero no sucedió así» (Bugnini, p. 410). Se le había permitido salir al genio de la botella, y no volvería sencillamente a entrar. Determinadas Conferencias Episcopales ignoraron llamativamente las protestas de Roma. Las señales, sin embargo, eran ambiguas ya que la Congregación para el Culto Divino dio permiso a un buen número de plegarias eucarísticas para grupos especiales y ocasiones especiales23.

El 27 de mayo de 1971, Culto Divino explicó el problema al Papa Pablo VI, sugiriendo que la cuestión necesitaba ser estudiada más detenidamente: «Piénsese que el Instituto Litúrgico de París ha coleccionado y examinado más de doscientas plegarias eucarísticas… Si el Santo Padre lo permite, esta Congregación recogería sistemáticamente todo el material existente para examinarlo… con el fin de obtener una clara visión de las dimensiones del problema y afrontarlo con más claridad y sobre una base sólida» (Bugnini, p. 411).

El 22 de junio de 1971, llegó la respuesta de la Secretaría de Estado:

«Dada la extensión del uso indiscriminado de plegarias eucarísticas no aprobadas, el Santo Padre desea que la cuestión sea reexaminada cuidadosamente en todos sus aspectos, con el fin de encontrar una solución que ponga remedio a esta grave forma de indisciplina en materia litúrgica» (Bugnini, p. 411-412).

Así, fue designado un grupo de estudio especial el 17 de septiembre de 1971 para examinar el asunto.

7. El trabajo del Grupo de Estudio especial

Desde octubre de 1971 a marzo de 1972, este Grupo de Estudio especial se reunió varias veces, produciendo un documento de trabajo de un centenar de páginas analizando el problema y proponiendo soluciones. En la tercera reunión, el 25-26 de enero de 1972, el grupo, compuesto por 17 miembros, votó cuatro preguntas (cf. Bugnini, p. 412-414):

1) ¿Debe autorizarse un mayor número de plegarias eucarísticas en el Misal Romano?

Sí: 10; No: 3; Sí, iuxta modum : 4

2) ¿Debe autorizarse un mayor número de plegarias eucarísticas en aquellas regiones donde las Conferencias Episcopales lo juzguen oportuno?

Sí: 12; No: 0; Sí, iuxta modum : 5

3) ¿Es aceptable la propuesta del n. 39a) del esquema ? (es decir, que la Congregación para el Culto Divino prepare modelos de plegarias eucarísticas, con la posibilidad de adaptarlas ligeramente)

Sí: 8; No: 8; Sí, iuxta modum : 1

4) ¿Es aceptable la propuesta del n. 29b) del esquema ? (es decir, que la Congregación para el Culto Divino proponga los criterios conforme a los cuales las Conferencias Episcopales puedan juzgar o componer nuevas plegarias eucarísticas)

Sí: 8; No: 5; Sí, iuxta modum : 4

El claro consenso del grupo fue que debían permitirse más plegarias eucarísticas. No hubo acuerdo claro, sin embargo, sobre el papel de la Congregación para el Culto Divino en la guía o dirección de la composición de estas oraciones.

Algunos de los consultores de la Congregación que no habían sido consultados sobre estas cuestiones, pero que las apreciaban fuertemente, publicaron sus propios resultados, llegando a conclusiones totalmente opuestas; a saber: que era inoportuno componer nuevas plegarias eucarísticas además de las que ya estaban en el Misal Romano. Publicado este informe despertó la alarma en varios sectores, incluida la Congregación para la Doctrina de la Fe, y se produjo una gran controversia. El Secretario de Estado se vio obligado a intervenir, para reprender diplomáticamente a la Congregación para el Culto Divino, y hacer algo de recuento de los daños. El Papa Pablo VI, el 28 de febrero de 1972, en una audiencia con Bugnini —a quien había ordenado obispo el 13 de febrero de 1972— también emitió una especie de reproche: «De nuevo recomiendo vivamente a la Congregación [para el Culto Divino] que se esfuerce por poner coto a la tendencia de multiplicar plegarias eucarísticas», añadiendo una serie de aclaraciones:

— Otras Congregaciones competentes en la materia debieron ser consultadas ( que se traduce en que Culto Divino no debería actuar por su cuenta ).

— Debe valorarse la uniformidad de la liturgia

— Los experimentos arbitrarios deben cesar

— Las Conferencias Episcopales no tienen autoridad para introducir nuevas plegarias eucarísticas, a menos que hayan recibido permiso de la Santa Sede (Bugnini, p. 414-415)

En una reunión plenaria del Grupo de Estudio especial, en marzo del 7 al 11 de 1972, la Secretaría de Estado pidió que los miembros fueran puestos al día sobre las últimas comunicaciones enviadas por ella a la Congregación para el Culto Divino, no sea que los Padres, «no conociendo exactamente el pensamiento de su Santidad, continúen por el camino marcado por los peritos, no del todo conforme con las directrices que se les han comunicado…» (Bugnini, p. 415, n. 33).

8. Señales perdidas o ignoradas

De este modo, se habían enviado señales negativas a la Congregación para el Culto Divino y al Grupo de Estudio, pero parece ser que estas señales no fueron bien entendidas. Al contrario, el trabajo continuó a toda máquina y en una sesión plenaria de toda la Congregación para el Culto Divino, el esquema para las oraciones eucarísticas fue examinado, y el asunto sometido a votación (Bugnini núm. 415-416):

1. Habida cuenta de la presente situación de la evolución y el uso de las plegarias eucarísticas, ¿debe hacer algo la autoridad competente para aumentar el número de dichas plegarias?

Sí: 13; No: 0; Sí, iuxta modum : 3

2. ¿Se considera suficiente que la Santa Sede prepare algunas plegarias eucarísticas nuevas?

Sí: 2; No: 12; Sí, iuxta modum : 2 3. ¿Se considera suficiente que la Santa Sede componga modelos que puedan adaptar las Conferencias Episcopales?

Sí: 0; No: 16

4. ¿Es aceptable que las Conferencias Episcopales puedan componer nuevas plegarias eucarísticas, conforme a los criterios propuestos por la Santa Sede, sometiéndolas a la misma Santa Sede?

Sí: 11; No: 3; Sí, iuxta modum : 2

5. ¿Se aprueban los criterios expuestos en el capítulo VI para componer y juzgar las plegarias eucarísticas?

Sí: 9; No: 2; Sí, iuxta modum : 5

La tendencia progresiva del grupo es clara. Se requerían más plegarias eucarísticas; la Santa Sede ni debe preparar estas oraciones, ni proveer modelos para ellas; en cambio, las Conferencias Episcopales podrían componer nuevas oraciones por su propia autoridad.

El informe del Cardenal Prefecto a la Secretaría de Estado, el 12 de abril de 1972, fue más equilibrado y modesto en el tono, pero siguió incluyendo la sugerencia de que se debía conceder el permiso a las Conferencias Episcopales para preparar nuevas plegarias eucarísticas, «en circunstancias extraordinarias, y caso por caso». La sugerencia fue atemperada, sin embargo, por la condición de que la Conferencia debía solicitar primero la autorización, y luego preparar el texto, que debía someterse ante los organismos competentes de la Santa Sede (Bugnini, p. 416). El Papa Pablo VI concedió una audiencia al Cardenal Prefecto el 20 de abril, emitiendo una respuesta por escrito un mes después, el 23 de mayo de 1972, en la que prohibía hacer público los debates en curso, pero daba autorización para que se preparara un proyecto de texto de una Instrucción sobre la plegarias eucarísticas.

Este proyecto de texto fue preparado durante los meses de verano, y fue enviado al grupo de estudio el 8 de septiembre de 1972. Bugnini relata que «el grupo tuvo su cuarta y última reunión los días 25 y 26 del mismo mes en un clima de desaliento» (Bugnini, p. 417). A pesar de que estaban decepcionados de que sus sugerencias no habían sido bien recibidas, persistieron en su recomendación de que se diera el permiso para componer nuevas plegarias eucarísticas, en determinadas condiciones, a las Conferencias Episcopales. El 17 de noviembre de 1972, el Secretario de Estado envió el proyecto de Instrucción a la Congregación para la Doctrina de la Fe. La respuesta de la CDF fue negativa. Bugnini dice por qué:

«Mientras tanto otros alzaron sus voces para impedir la aprobación de nuevas plegarias eucarísticas: un grupo de teólogos de la Comisión Teológica Internacional (11 de octubre), un arzobispo francés y aquellos consultores de la C. para el Culto Divino que habían votado en contra en el Grupo de Estudio; todos ejercían presión sobre el Supremo Pastor…» (Bugnini, p. 417, n. 34).

9. “No” del Papa: “una ducha de agua fría”

El 11 de enero de 1973, el Secretario de Estado comunicó la respuesta de la CDF al Culto Divino: «Habiendo la Congregación para la Doctrina de la Fe respondido negativamente a la oportunidad de conceder a las Conferencias Episcopales la facultad de componer nuevas anáforas es necesario atenerse a dicha denegación» (Bugnini, p. 417).

La carta del Secretario de Estado también incluyó las siguientes directivas que luego aparecieron en la Instrucción sobre plegarias eucarísticas publicada por la Congregación para el Culto Divino:

— Las Conferencias Episcopales deben poner fin a los experimentos de plegarias eucarísticas.

— La Santa Sede no excluye de modo absoluto la posibilidad de aprobar una nueva anáfora, pero su elaboración y promulgación debe ser acordado previamente con la Santa Sede.

— El Misal Romano ya da margen suficiente para la adaptación24.

La reacción de Bugnini demuestra que el Grupo de Estudio estaba trabajando en una longitud de onda bastante diferente de la Santa Sede. Él confiesa: «Esto era una ducha de agua fría después de año y medio de trabajo duro e inteligente» (Bugnini, p. 418). Tuvo una audiencia con el Papa Pablo VI el 21 de diciembre de 1972, en la que explicó la posición del Culto Divino: la Iglesia tenía que hacer frente «a un fenómeno general al cual no se podía poner remedio con una simple prohibición ni tampoco ignorándolo, sino canalizándolo a fin de que la Santa Sede pudiera todavía controlarlo». El Papa expresó entonces su decisión: «No más experimentos. La Santa Sede se reserva (el subrayado en el original) el componer nuevas preces eucarísticas en casos particulares» (Bugnini, p. 418, n. 35).

El 20 de enero de 1973 la Congregación para el Culto Divino bosquejó entonces con diligencia la Instrucción en forma de circular. El Secretario de Estado respondió el 31 de enero de 1973, diciendo: «En cuanto a la sustancia está bien, pero debe ser suavizada en cuanto a la forma, incluyendo las razones doctrinales y pastorales de la decisión tomada» (Bugnini, p. 418).

El resultado de todo esto fue un documento muy modesto, Eucharistiae participationem25, publicado el 27 de abril de 1973. Después de exponer la situación respecto a las plegarias eucarísticas compuestas privadamente y de su carácter abusivo, la carta circular dice:

«Después de que se hayan sopesado plenamente todos los factores, la decisión es que en este momento no es conveniente conceder a las Conferencias de obispos un permiso general para redactar o aprobar nuevas plegarias eucarísticas. Por el contrario, se considera que el camino más sabio es abogar por una catequesis más completa sobre la naturaleza real de la plegaria eucarística…»26

La Congregación para el Culto Divino había sido severamente castigada.

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16 El Consilium no se satisfizo con la respuesta del Papa, sino que explicó las razones de los cambios propuestos y pidió que “al menos en las nuevas plegarias eucarísticas, se conservara el texto aprobado”. El permiso fue concedido el 12 de octubre de 1967. Más tarde, esos cambios se introducirían también en el Canon romano. Cfr. Bugnini, p. 408.

17 Hay un error aquí en el texto de Bugnini, ya que los números no cuadran. El texto dice: “De los 183 padres con voto, 173 dijeron que sí, 22 no y 33 sí con calificaciones”. Eso haría 228 en total. [N. del tr.: en la edición española, p. 309, está corregido: “De 183 votantes, 127 votaron sí; 22 no; 34 iuxta modum ”].

18 Prece eucharistica: Notitiae 4 (1968) 156.

19 Notitiae 4 (1968) 157-160.

20 N. del tr.: letra cursiva en el original.

21 " La publication ", Notitiae 4 (1968) 146-148.

22 " Au cours des derniers mois ," Notitiae 4 (1968) 148-155.

23 Cfr. Bugnini, p. 411 para una lista de estas concesiones.

24 Para el texto completo, ver Bugnini, p. 417-418.

25 Eucharistiae participationem , Notitiae 9 (1973) 192-201.

26 International Commission on English in the Liturgy, Documents on the Liturgy: 1963-1979 (Collegeville: The Liturgical Press, 1982), pp. 624 - 625.


 

 

De una plegaria eucarística a muchas: cómo sucedió y por qué 1 (1 de 3) (17/07/2010)

por Dom Cassian Folsom, O.S.B. 2

En las ediciones latinas del Misal Romano de 1970 y 1975 hay cuatro plegarias eucarísticas —puede que aumenten en la tercera editio typica que saldrá para este otoño 3—. En ediciones americanas más recientes del Misal Romano, además de los cuatro ya mencionadas, hay otras cinco incluidas en el apéndice: dos para la Reconciliación y tres para las misas con niños. Así, durante los últimos veinticinco años, el rito Romano ha tenido la experiencia de muchas plegarias eucarísticas.

Sin embargo, esto no ha sido siempre así. Durante unos 1600 años antes, el rito Romano solo conoció una única oración eucarística: el Canon romano.

Hoy, en una parroquia media, la Plegaria Eucarística II es la más usada frecuentemente, incluso el domingo. La Plegaria Eucarística III también se utiliza bastante a menudo, sobre todo los domingos y días festivos. La cuarta Plegaria Eucarística apenas se utiliza alguna vez; en parte porque es larga, en parte porque en algunos lugares de los EE.UU. ha sido extraoficialmente prohibida debido a su uso frecuente de la palabra “ man ”. La Plegaria Eucarística primera, el Canon romano, que se había utilizado en el rito Romano exclusivamente durante más de un milenio y medio, hoy en día casi nunca se utiliza. Como dice un especialista litúrgico italiano: “su uso hoy es tan mínimo que estadísticamente es irrelevante”4.

Esto es un cambio radical en la liturgia Romana. ¿Por qué no hay más gente consciente de la enormidad de este cambio? Quizá, como el Canon se solía decir en silencio, su contenido y su dignidad eran conocidos por los sacerdotes —con seguridad—, pero no para la mayoría de los laicos. Por tanto, cuando la plegaria eucarística empezó a decirse en voz alta en lengua vernácula, con cuatro plegarias para elegir —y el Canon romano escogido en rara ocasión, si es que alguna vez—, el laico medio no se daba cuenta de que 1600 años de tradición se habían desvanecido de pronto como una civilización perdida, dejando pocos rastros detrás, y, los que eran de interés, solo para arqueólogos y turistas.

¿Qué pasó? ¿Por qué ocurrió? ¿Cómo debemos responder a la nueva situación? Estas preguntas son el tema de este trabajo.

I. ¿QUÉ PASÓ?

Lo que ocurrió es largo de contar, porque el período de historia de la liturgia en cuestión es complicado y complejo. No obstante, es necesario seguir de cerca los intrincados avatares del camino de este desarrollo, para estar en condiciones de comprender por qué las cosas sucedieron como lo hicieron.

1. Sacrosanctum Concilium (4 de diciembre de 1963)

El artículo 37 del esquema de la liturgia —en el documento final sería numerado artículo 50—, trata del Ordo Missae . En los debates sobre este texto, sólo uno de los Padres del Concilio, el obispo Wilhelm Duschak, S.V.D., pidió una nueva oración eucarística, bien para sustituir al Canon romano o para que fuera usada como alternativa 5 .

Por otra parte, varios Padres en sus comentarios sobre el artículo 37/50 subrayaron que el Canon no debía ser tocado. En la propia votación, un número de votos placet iuxta modum expresaron las mismas reservas. El relator respondió diciendo que estas preocupaciones ya se habían reflejado en la frase "tomándose el debido cuidado para preservar la sustancia de los ritos" ( probe servata eorum substantia ), aunque de hecho la comisión postconciliar abandonaría esta posición.

Según Jungmann, la mente del relator era que debía darse margen amplio a la tarea postconciliar de la reforma 6.

En cualquier caso, ni el esquema ni el texto final de la Sacrosanctum Concilium hace ninguna mención de nuevas plegarias eucarísticas.

2. Iniciativas privadas para revisar el Canon romano o componer nuevas plegarias eucarísticas (1963-1968)

Sin embargo, las iniciativas privadas para revisar el Canon romano ya se estaban realizando. Dos de estas iniciativas fueron publicadas en revistas científicas: la de Hans Küng 7 en 1963, y Karl Amon 8 en 1965 9. Muchas otras plegarias eucarísticas de nueva composición les siguieron, algunas de ellas publicadas, y algunas no. Uno de los elementos más importantes de esta historia es la presión política ejercida por la Iglesia en los Países Bajos sobre la Santa Sede.

Entre 1965 y 1966, antes de que se permitiera la lengua vernácula para el Canon, ya estaban circulando traducciones del Canon y textos de nuevas plegarias eucarísticas en Holanda 10. La Conferencia Episcopal holandesa, en la persona del obispo Jean Bluyssen de Hertogenbosch, presidente de la comisión litúrgica

nacional y él mismo miembro de la Comisión postconciliar para la realización de las reformas litúrgicas —en lo sucesivo, el Consilium —, presentó una solicitud oficial

en la Santa Sede para el permiso de uso de esos textos. (Nótese la pauta: experimentación no autorizada primero, presión para el permiso después). En el otoño de 1966, hubo muchas idas y venidas de mensajes y emisarios entre los Países Bajos y Roma con el fin de resolver el problema. Annibale Bugnini, el secretario del Consilium , informa de lo que sucedió:

«A raíz de la visita del P. Bugnini a Holanda, se constituyó una comisión especial para el examen de unas anáforas presentadas por la comisión litúrgica de dicho país. Tras varias reuniones se vio que era difícil aprobarlas. El Consilium había sugerido a los holandeses esperar a las nuevas plegarias eucarísticas que estaban en preparación» (Bugnini, p. 407, n.8).

En enero de 1967, los que tenían autoridad acordaron que había que conceder algunas de las peticiones de la Conferencia holandesa: entre esas solicitudes, la traducción del Canon y el estudio y eventual aprobación de tres nuevos anáforas . El Papa Pablo VI nombró una comisión curial especial para que se considerara «si no convenía extender las concesiones previstas para Holanda a otros países o a toda la Iglesia» (Bugnini, p. 93).

Sin embargo, muchos particulares y grupos, no estando dispuestos a esperar la palabra de Roma, simplemente siguieron adelante por su cuenta. Los obispos holandeses eligieron once oraciones eucarísticas de las muchas que había en circulación y las publicaron para su uso oficial (11 de noviembre de 1969). Los obispos de habla flamenca de Bélgica hicieron lo mismo, pero limitaron la selección a cinco (1 de noviembre de 1969). Un año antes, los obispos de Indonesia habían dado su aprobación a diez plegarias eucarísticas (24 de octubre de 1968). Las oraciones holandesas fueron traducidos al alemán 11 (1968) y pasaron por muchas impresiones (cfr. Bugnini, p. 410). En Francia, había un centenar de plegarias eucarísticas en circulation 12. Bernard Botte se queja en 1968 acerca de la total anarquía que reinaba en las zonas de habla francesa por el uso de plegarias eucarísticas no autorizadas 13.

Mientras todas estas iniciativas privadas estaban teniendo lugar, ¿qué estaba ocurriendo en el ámbito oficial?

3. Grupo de Estudio 10 del Consilium y su labor en el Ordo Missae (1965)

La plegaria eucarística en sí no fue originalmente una preocupación del Consilium , sino más bien la revisión del Ordo Missae . Este fue asignado al Grupo de Estudio 10. En el trascurso de la tarea, la cuestión del Canon romano surgió inevitablemente. Bugnini nos describe la situación:

«Canon romano: Ésta era la cuestión más delicada y compleja. Por una parte, la veneración por esta plegaria hacía titubear al grupo ante la perspectiva de tocarla; por otra, las propuestas de los estudiosos y las peticiones de los pastores impulsaban a darle un ordenamiento distinto, más lógico. Para resolver los problemas, se acordó experimentar con tres formas revisadas del Canon romano» (Bugnini, p. 302).

Pronto salieron a la luz noticias de estos experimentos, y varias personas se quejaron ante la Santa Sede. Lo que se hizo evidente fue que la mano derecha no sabía lo que estaba haciendo la mano izquierda. Bugnini informa que el Secretario de Estado, el cardenal Cicognani, escribió al presidente del Consilium , el cardenal Lercaro, el 25 de octubre de 1965 y de nuevo el 10 de diciembre de 1965, pidiéndole precaución extrema (Bugnini, p. 132, n. 28). El 7 de marzo de 1966, el Secretario de Estado comunicó este mensaje del Papa Pablo VI al Consilium :

«… me apresuro a comunicarle el deseo de Su Santidad de que el Canon mismo no sea tocado, al menos por ahora; todo eventual cambio deberá ser por tanto sometido a la aprobación explícita del Santo Padre, el cual a su vez piensa que no debe hacerse cambio alguno en el Canon sin previos estudios documentados y rigurosos y siempre, si llega el caso, después de consultar al Episcopado. Les tengo que decir que, considerado en conjunto, quizá sea mejor dejar el texto tradicional inalterado; esto, sin embargo, no significa que el estudio de la materia no continúe» (Bugnini, p. 132, n. 28).

El Santo Padre estaba frenando, pero no desalentando, un estudio posterior.

El Consilium , por lo tanto, volvió al tema de la plegaria eucarística un par de meses más tarde, presentando una nueva solicitud a Pablo VI el 25 de mayo de 1966:

«Si llegara el momento de volver a estudiar la cuestión de la composición de una nueva plegaria eucarística, teniendo presente las dificultades que el actual Canon romano presenta desde el punto de vista pastoral, el Grupo 10 se sentiría honrado si pudiera redactar los proyectos. En ese caso se sentiría igualmente obligado a conseguir que también en la nueva plegaria brille claramente el genio romano, de modo que la misa romana sea coherente con el espíritu de la liturgia romana» (Bugnini, p. 396).

Un mes después, el 20 de junio de 1966, el cardenal Lercaro presentó la siguiente solicitud al Santo Padre:

«El texto de la plegaria eucarística presenta muchas y delicadas dificultades ante una eventual revisión e igualmente presenta problemas no pequeños su conservación íntegra. El Canon romano, sobre todo si se recita en voz alta, resulta pesado por su misma invariabilidad y por sus elementos demasiado locales, como son las listas de los santos...

Las propuestas avanzadas por muchos se inclinan por una revisión del texto que implicaría la reducción de los elementos citados y la reorganización de las intercesiones ( Memento , Communicantes , Nobis quoque ), de modo que la plegaria eucarística tenga mayor unidad en su relación con el prefacio y el Sanctus , y la anámnesis. Pero todo retoque es siempre peligroso, sobre todo tratándose de poner la mano en textos de una tradición tan venerable.

Parece más conveniente conservar íntegramente el texto tradicional del Canon y redactar una o más fórmulas de plegarias eucarísticas enteramente nuevas que se añadirían a la tradicional como alternativas, con el fin de disponer también de una mayor variedad de textos» (Bugnini, p. 396).

Es interesante individuar los motivos del cambio propuesto:

1) El Canon romano resulta pesado si se recitara en voz alta, porque siempre es lo mismo.

2) La lista de santos es demasiado local.

3) El Canon es insatisfactorio desde un punto de vista estilístico, y requeriría una remodelación considerable con el fin de aparecer como una sola unidad literaria.

A pesar de estas objeciones al Canon romano, sin embargo, el Consilium hizo el juicio cautelar de que era demasiado peligroso manipular el texto, y de que era mejor, por tanto, ofrecer algunas alternativas con objeto de responder a los defectos mencionados, y de ofrecer alguna variedad. Como informa Bugnini, «la decisión del Papa fue precisa: ‘Déjese la anáfora sin cambiarla: compónganse y búsquense dos o tres anáforas para usarlas en tiempos determinados' ” (Bugnini, p. 396).

Si se toma literalmente, esta decisión dejaría la primacía de lugar al Canon romano, a la vez que añade varias otras oraciones eucarísticas al repertorio, con una función subsidiaria. (De hecho, esto no es lo que pasó). Los “tiempos determinados” no se especifican, y el Santo Padre dejó abierta la posibilidad de apropiarse nuevas anáforas de la tradición o de componer enteramente nuevas oraciones.

Con esta luz verde del Santo Padre, el Consilium se puso a trabajar inmediatamente.

4. Vagaggini y el verano de 1966

El Grupo de Estudio 10, que trabajaba en el Ordo Missae , fue ahora ampliado para responder a la nueva tarea por hacer. El Padre Vagaggini, un monje benedictino y profesor en el Pontificio Ateneo de San Anselmo en Roma, pasó el verano de 1966 en la biblioteca de Mont-César, en Bélgica, haciendo un estudio exhaustivo sobre el Canon romano, y componiendo dos nuevas oraciones eucarísticas —que son la base para las actuales Plegarias III y IV—. El trabajo de Vagaggini se publicó en forma de libro ese mismo año 14; así, la discusión pasó del círculo restringido del Consilium al foro público general, aumentando las expectativas de unos y poniendo los pelos de punta a otros 15.

Las propuestas de Vagaggini fueron después examinadas por todo el grupo de estudio, varios peritos , y los Padres del Consilium . Se decidió actuar bajo las instrucciones de Pablo VI adoptando dos anáforas ya existentes, la de Hipólito — inspiración para la Plegaria Eucarística II— y la anáfora alejandrina de San Basilio —que al final no fue aceptada debido a ciertas dificultades teológicas—. Las nuevas composiciones adoptadas fueron las dos propuestas por Vagaggini.

Una de las principales razones dadas para proponer estas nuevas anáforas fue el principio de la variedad. Según el arzobispo Annibale Bugnini, durante tiempo secretario de la Congregación para el Culto Divino, «este tipo de variedad ha parecido necesario para poder dar a la liturgia romana aquella mayor riqueza espiritual y pastoral que no se puede encerrar en un texto único» (Bugnini, p. 398).

En las explicaciones dadas para estos nuevos textos, se puso un énfasis especial en su longitud. De los tres nuevos textos que fueron finalmente aprobados, uno es muy corto (PE II), uno es de longitud media (PE III), y uno es bastante largo, ya que incluye una exposición resumida de toda la economía de la salvación (PE IV).

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1 Este artículo apareció publicado originalmente en inglés, en 3 partes, de septiembre a noviembre de 1996 en la revista Adoremus Bulletin . © Adoremus Bulletin.

2 Dom Cassian Folsom, ordenado en 1984, es actualmente (2009) prior del monasterio de San Benito en Nursia. Desde 1993 es profesor del Pontificio Instituto de Liturgia en el Ateneo Pontificio San Anselmo de Roma.

3 N. del tr.: la tercera editio typica a la que se refiere el autor, se retrasó hasta el año 2002. En esta edición se han incluido 13 plegarias eucarísticas: 4 principales y 9 en el Apéndice.

4 Enrico Mazza, The Eucharistic Prayers of the Roman Rite (New York: Pueblo Publishing Company, 1986), p. xxxi.

5 Para un posterior estudio histórico que mencione esta intervención, cfr. Notitiae 8 (1972), p.132. El Obipo Duschak propuso esta idea por primera vez fuera de la sala del Concilio, en una conferencia de prensa, el 5 de noviembre de 1962. Para más información, cfr. G. Caprile, Il Concilio Vaticano II, vol 2: Il primo periodo 1962-1963 (Roma 1968), p.114.

6 Josef Jungmann, " Um die Reform des römischen Kanons: eine kritische Stellungnahme zu C. Vagagginis Entwürfen ", Liturgisches Jahrbuch 17 (1967) 2.

7 Hans Küng, " Das Eucharistiegebet: Konzil und Erneuerung der römischen Liturgie ", Wort und Wahrheit 18 (1963) 102-107.

8 Karl Amon, " Gratias Agere: Zur Reform des Messcanons ", Liturgisches Jahrbuch 15 (1965) 79-98.

9 Ambos textos son convenientemente citados en Cipriano Vagaggini, The Canon of the Mass and Liturgical Reform (Staten Island, NY: Alba House, 1967), pp.76-83.

10 Sigo la historia como viene contada en Annibale Bugnini, The Reform of the Liturgy: 1948-1975 (Collegeville: The Liturgical Press, 1990) [n. del tr.: todas las citas de esta obra se dan conforme a la edición española, La Reforma de la Liturgia (1948 - 1975) , B.A.C., Madrid, 1999], p. 92-94. Ya que dependo en gran medida de la narración de Bugnini de este período, y lo cito con frecuencia, todas las citas de su obra aparecerán, a partir de ahora, en el cuerpo del texto.

11 Cfr. A. Schilling, Fürbitten und Kanongebete der Holländischen Kirche , Essen 1968.

12 Philippe Béguerie, " La Prière Eucharistique ", Notitiae 20 (1984) 196.

13 Bernard Botte, " Où en est la réforme du Canon de la Messe? ", Les Questions Liturgiques et Paroissiales 49 (1968) 138-141.

14 Il canone della messa e la riforma liturgica , Torino-Leumann: Elle di Ci, 1966.

15 Para una crítica mesurada de las propuestas de Vagaggini, cfr. J. Jungmann, “ Um die Reform des römischen Kanons: eine kritische Stellungnahme zu C. Vagagginis Entwürfen ”, Liturgisches Jahrbuch 17 (1967) 1-17. La conclusión de Jungmann: «Así, cuando se plantea la cuestión de un nuevo canon — y esto no debería buscarse, en primer lugar, en una composición totalmente nueva o en el préstamo (ciertamente, no imposible) de una anáfora extranjera, sino de manera que los elementos atemporales y dignos de nuestra propia tradición no fueran abandonados sino purificados y desarrollados aún más — , entonces, por las razones expuestas, no se encontrará en la obra de Vagaggini la solución deseada. No podemos seguir el camino hacia una liturgia extraña sin examinar cuidadosamente y fomentar nuestra propia herencia. El libro de Vagaggini — a pesar de todo — es una importante pieza de trabajo. Puede hacer esta contribución: la clarificación de este o aquel punto; y también es útil para fortalecer el ánimo de una verdadera reforma. Pero como sugerencia concreta, sus dos propuestas ni siquiera deberían de ser consideradas» (p. 17).