NON OMNIS MORIAR
Por Prudentius de Bárcino
Consejos veraniegos de Prudentius a la Progresía izquierdoso-nacionalista (18/07/2010)
Ya metidos en pleno ambiente veraniego y antes del muy merecido inicio de las vacaciones estivas para muchos de nuestros miembros y colaboradores, deseo en nombre de todos, ofrecer a la progresía eclesial izquierdoso-nacionalista un Manual de instrucciones para el próximo curso eclesial que se nos va perfilando como sorprendentemente incendiario. Están tomados de un manual al uso del “Institut Català de la Salut” para instalaciones y equipamientos sanitarios.
1.) MANTENGA LA CALMA: NO GRITE NI CORRA
2.) SI SE PRENDE SU ROPA, TIÉNDASE EN EL SUELO Y RUEDE.
3.) SI HAY HUMO ABUNDANTE, GATEE.
( véase “Importancia del gateo para el desarrollo motor y del cerebro)
4.) ABANDONE EL LUGAR DONDE SE HALLA (normalmente la izquierda pseudo-progre ) Y SI ES EL ÚLTIMO, CIERRE LA PUERTA.
5.) NO UTILICE LOS ASCENSORES (opina Quinto Sertorius Crescens que deben hacerlo si todos los de la Granja de la calle Madrazo están dentro y se asegura el desplome)
6.) SI LA PROPIA SALIDA ESTÁ BLOQUEADA (que con este Papa lo está) USE UN RECORRIDO ALTERNATIVO.
Antes reconozca que se equivocaron conduciendo a la Iglesia en Cataluña hacia el abismo, y con humildad, aunque prefiera quedarse en casa, decídase a no ser obstáculo para la tan necesaria reforma eclesial.
7.) “A QUIEN SIGA EL BUEN CAMINO LE HARÉ VER LA SALVACIÓN DE DIOS”
(versículo del salmo 49 que no estaba en el cartel del Hospital)
Una magnífica oportunidad para Brustenga (27/06/2010)
Con decreto de fecha 21 de junio del presente, nuestro n.s.b.a. Cardenal Arzobispo, escuchadas las súplicas del pueblo fiel del barrio de Collblanch y consultados los pertinentes Vicarios Episcopales ha tenido a bien conceder el traslado pastoral a nuestro insigne amigo Mn. Joaquim Brustenga, capitoste de la “Unió Sacerdotal de Barcelona” hasta la parroquia de Santa Magdalena en el populoso barrio de Les Roquetes en Barcelona.
La B-20, circunvalación barcelonesa conocida bajo el apelativo de Ronda de Dalt, comunica ambos territorios, Collblanch en la salida 12 y Roquetes en la 2, de manera rápida y hace de ellos unos de los barrios mejor practicables de la conglomeración metropolitana de Barcelona.
La parroquia de Santa Magdalena es una parroquia situada en un barrio con un contingente migratorio notable desde sus orígenes. Con una construcción moderna y adaptada a las necesidades actuales el templo parroquial goza de una inmejorable situación en la calle Llopis y conocida es su muy saludable y aireada ubicación en las estribaciones más occidentales de la sierra de Collserola, particularidad esta que le otorga uno de los más bajos índices de contaminación ambiental del municipio barcelonés.
Su buena accesibilidad a través de los transportes públicos es más que conocida: la estación Roquetes de la línea IV (amarilla) y numerosas líneas de autobuses hacia el distrito de Nou Barris hacen del nuevo destino pastoral de Mn. Brustenga un lugar apetecible a la par que tranquilo y sosegado.
Mn. Joaquim tendrá junto a él un buen número de sacerdotes a los que podrá recurrir para cualquier menester que se le presente. Y aunque una asidua frecuentación de la parroquia matriz del sector, la de Santa Engracia, no creemos le sea excesivamente recomendable por el carácter ciclotímico de su párroco Mn. Carulla, más allá de los compañeros de su arciprestazgo de Trinitat-Roquetes están los del muy cercano de Vilapiscina en sus cercanas parroquias de San Narciso, San Mateo o San Rafael, la primera en el polígono Canyelles y las otras dos en la Guineueta.
Y aunque los destinos sugeridos por nosotros, en la parroquia de Gascueña en Cuenca, o como capellán del Santuario de Bastanist en Urgel, no han prosperado, le deseamos todo lo mejor en este nuevo capítulo de su ministerio pastoral.
No escuche las malvadas voces que quieren presentarle ese encargo pastoral como un destierro. Tómelo como una magnifica oportunidad de renovarse en su vocación, dar su vida por el Pueblo de Dios que en Les Roquetes peregrina, muchos de ellos inmigrantes sudamericanos necesitados de alimento espiritual y de aliento humano. Quiera Dios que el patrocinio de la Magdalena sobre su nueva parroquia, santa entregada a una vida de penitencia y amor de Dios hasta el último de sus días, según la tradición cristiana, en la Provenza, le estimule y oriente sus pasos a partir de ahora.
Las Roquetes no son las rocas de la Sainte Baume: es un barrio y una parroquia que Brustenga si quiere, puede convertir en un maravilloso destino misional, más si cabe cuando en los últimos años, de manera equivocada, se había hecho de ella un mero centro de culto dominical y poca cosa más, en una agrupación parroquial (la de esta, con San Sebastián y Santa Engracia) muy desacertada.
Per molts anys, Quimet!
Gascueña (Cuenca)
Santuario de Bastanist
Las rocas de las Sainte Baume
¡Basta del falso Neo-sacerdocio que nos inculcaron! (13/06/2010)
Mn. Josep Anton Arenas
Mn. Salvador Bacardit
Mn. Josep Maria Turull
La conclusión del presente Año Sacerdotal debe llevarnos a realizar sólidas conclusiones y a afianzar principios, huyendo de la fácil tentación de quedarnos en generalidades y reacciones puramente emocionales que fácilmente derivarían en superficialidades.
Y nada es posible sin la contextualización en nuestra realidad eclesial, en el tan manoseado “Sitz in leben” (lugar en la vida) del que tanto se llenaron la boca todos aquellos que haciéndose el modernillo se embadurnaron de altisonantes vocablos alemanes que les daban pedigrí.
En nuestra archidiócesis de Barcelona hemos vivido durante más de 50 años una autentica “entmithologisierung” (desmitologización) del sacerdocio de la que han sido protagonistas toda esa serie de personajes que desde su arribo el Cardenal Martínez ha colocado al frente de los puestos de responsabilidad y decisión de la Diócesis. Baste citar tres ejemplos paradigmáticos correspondientes a tres generaciones diferentes: Mn. José Antonio Arenas (nacido en 1932), Mn. Salvador Bacardit (nacido en el 52) y Mn. Josep Maria Turull (nacido en el 1966). Hay muchos denominadores comunes entre los tres sacerdotes más allá de los presupuestos ideológicos que los hermana y la común característica de hacer gala de una multitud de cargos diocesanos acumulados. Pero el más sobresaliente y que aquí nos interesa es haber tenido en sus manos la formación sacerdotal en nuestra diócesis conduciéndola hacia un modelo de sacerdocio secularizado al que ahora, por si no había quedado claro durante todo el pontificado de Juan Pablo II, la Iglesia ha dicho que basta.
Ellos, y destacamos al siempre jocoso y “desmitificador” Arenas, ridiculizaron y abominaron de todo aquello que la Iglesia ahora nos repite y está en la base de la vocación y la vida sacerdotal.
Abominaron de las precoces vocaciones de monaguillos enviados a los seminarios menores aunque los tres crecieron y se educaron en el Menor de la Conrería.
Persiguieron la piedad eucarística y mariana tachándola o de ñoña esta última o de desenfocada la primera: la reserva eucarística en el sagrario, recalcaban es sólo para la comunión de los enfermos. Resulta más que obvio decir que persiguieron el rezo comunitario del Rosario y la encomiable costumbre de la Acción de Gracias después de la Comunión.
Abogaron por una imagen secularizada del sacerdocio y de la vida consagrada no sólo vistiendo como laicos
con traje y corbata (Arenas) o sueter color ala de mosca (Bacardit y Turull) sino haciendo bandera de un estilo de vida burgués aseglarado o burgués izquierdoso (viene a ser lo mismo pero este último se presenta con un fashion de color de “gos com fuig” -de huida de perro- estilo Mn. Quim Cervera -en la fotografía de la derecha- y Casimir Martí : vease Polígono El Gornal)
Desacreditaron con sus malas prácticas y abusos el sacramento de la Penitencia, promoviendo las absoluciones colectivas, y reduciendo la auténtica Dirección Espiritual que la Iglesia propone a sus seminaristas, sacerdotes y a todo el laicado en general, a una charla de “acompañamiento” ( el cacareado “cheminement” de los sulpicianos progres que destruyeron los seminarios franceses a partir de los 60). Evidentemente ese “acompanyament” acababa por conducir a todas las vocaciones hacia el Padre Font, jesuita entonces responsable de la Fundación Vidal y Barraquer, Instituto Universitario para la Salud Mental. Sin olvidar el marchamo de calidad que uno adquiría si pertenecía a un grupo de revisión de vida, característica casi imprescindible para poder ser ordenado.
Denudaron, por no decir desnudaron, toda la liturgia de la Iglesia de todo aquello que fuese más allá de la
estética minimalista por la que abogaban: suprimieron las casullas, el lavabo, los acólitos, las campanillas, las bandejas de comunión, las cruces y los candelabros en el altar, las finas vinajeras de cristal tallado, los cálices en los prescritos metales nobles y en su lugar instauraron altares Pinipón con manteles hasta el suelo estilo “casa Presley”con una vela en un bol y tres flores en otro colocados de manera asimétrica, cálices y bandejas de cerámica, albas de pre-mama color “crema catalana”con estolones como único ornamento litúrgico, exterminación de todo monaguillo revestido (solo “chicos y chicas para hacer la lectura”). Decían que ese minimalismo estético era necesario para que despojados de todo pudiésemos buscar los senderos interiores.
Ellos fueron los que sugiriéndonos ser “llevat en la pasta” (fermento en la pasta) hicieron todo lo posible para que el clero no fuera clero sino hombres como los demás “animadores de la fe de las comunidades” es decir grupos reducidos de concienciación y vivencia eclesial coordinados entre si por un presidente-celebrante que eras lo que tu tenías que ser: el Manel, el Pep, l´Oriol, el Pere…
Y todos estos, queridisimos lectores, son que lo aún ahora siguen teniendo en sus manos el destino del sacerdocio en nuestra diócesis y con este, las riendas y el futuro pastoral de nuestra Iglesia. Estos han sido esta semana el séquito del que a querido acompañarse en Roma nuestro más alto Pastor y Guía. ¡Con esta guirnalda de perlas ha adornado su episcopal mitra Sistach!
Mn. Antoni Matabosch
Mn. Salvador Pié
Mn. Jaume Aymar
Pero desde Germinans decimos ¡Prou! ¡Basta de una vez por todas de hipocresías y falsedades! ¡Basta de reírsenos en la cara!: los que estuvieron y están al frente de la destrucción del sacerdocio y de la diócesis no pueden estar ni un minuto más al frente de ella.
La recomposición del patrimonio espiritual y la renovación pastoral de la Archidiócesis debe ser puesta en manos de aquellos que siempre han profesado, vivido y trabajado por todo aquello que el Papa está proponiendo a toda la Iglesia y que constituye el único camino posible de recuperación del catolicismo en Cataluña.
Y de no ser así, la responsabilidad incluso del derrumbe económico al que nos vemos abocados, adquirirá única responsabilidad moral, con nombres y apellidos: Luis Martínez Sistach. Que tome nota el Sr. Cardenal aunque el reverendo contable Mn. Matabosch (el de los 14 cargos) se lo niegue.
Estos fueron los ideólogos en el candelero, estos los que tienen ahora la sartén por el mango.
Y no cejaremos en nuestro empeño hasta pasar cuentas, céntimo a céntimo, con todos aquellos que disponiendo despóticamente de personas y haciendas, han llevado al suicidio al catolicismo en nuestra tierra.
“L´Église c'est moi" o la tan manoseada "Diocesaneitat" (2/05/2010)
Cuenta el Dr. Corts en su artículo “La visita apostòlica de 1928 del nunci Tedeschini a Barcelona” en la colección Analecta Sacra Tarraconensia, que el entonces Obispo de Barcelona Dr. Miralles en aquella ocasión hizo desfilar por Palacio a lo más selecto de la vida diocesana barcelonesa: una representación variada del clero local, prohombres y miembros de todas las instituciones diocesanas, cuadros intermedios de las organizaciones apostólicas de Barcelona, incluso miembros de institutos religiosos aquí nacidos o arraigados. En una palabra un autentico desfile de diocesaneidad, con la intención de dar a conocer al nuncio Tedeschini y a la Santa Sede, la auténtica realidad de una Iglesia local de gran vitalidad y fecundidad ante las inexactitudes por no decir infundios que solían circular sobre nuestra Iglesia local.
Lo que sí podemos afirmar es que las buenas intenciones de la pasarela organizada aunque quizá no acabaron de dar el fruto que se esperaba pues como tantas veces sucede, a veces sale el tiro por la culata, por intentarlo no quedó. Aunque al final, el “rapport” presentado por Tedeschini al entonces cardenal Pacelli fuera para tirarse de los pelos y echar a correr.
Aquella visita, en aquel contexto histórico, fue muy parecida a la que este pasado fin de semana protagonizó el cardenal Secretario de Estado. Hoy en día el nuncio apostólico de S. Santidad viaja con más asiduidad por todas las diócesis de España y su presencia no posee la relevancia ni política ni eclesial que otrora poseían las visitas de Nunciatura. Don Renzo, como el sábado pasado, incluso se hospeda con humilde sencillez junto a otros obispos en la Casa Gran (Seminario Diocesano) y en unas estancias con este tono decadentista y lóbrego tan a la altura de aquel despacho de Sistach, puesto a disposición de Bertone para su entrevista con Juliana.
Lo que si está claro es que Turull, ejerciendo de anfitrión mantiene alta su cotización, y junto con los tan manoseados Arenas y Gordo son casi los únicos protagonistas de la pasarela diocesana que Sistach muestra a sus distinguidos huéspedes. Ni variada representación del clero, ni laicos comprometidos, ni organizaciones diocesanas ni delegados ni fecundos institutos religiosos ni madre que les trajo al mundo alguna.
Cual el otro Luis: “L´Eglise c´est moi et les miens” (La Iglesia soy yo y los míos).
Esto no nos sorprende. Ya estamos acostumbrados. Sólo nos indigna ver a los que se llenan la boca con la “diocesainetat”, los adalides del valor y la importancia de la “Església local” como el Dr. Bada en el programa “Ágora” del pásado lunes 26 y todos los carcamales de su cuerda, la Colla Vella de la U con sus jóvenes y fieles lacayos, callados como momias (por no decir otra cosa), haciéndole el juego y la gara-gara al Arzobispo-Sol que les mantiene en el poder. De vómito. Aunque demuestran lo que son.
Santa hipocresía y nichos encalados.
Hasta el momento solo el Abad Soler “dit l´Orgullós”, aunque después se siente a la misma mesa con él, es capaz de pararle los pies. Aunque sólo en su jurisdicción abacial, claro está cuando sube a Montserrat. Casi ni subir al altar le dejó cuando celebraron Misa con Bertone. Y es que Soler puede permitirse poner en vereda al Cardenal-Sol porque tiene entrada con S. M. el Rey, entrada que en Cataluña únicamente comparte con el Príncipe Vives (así desea el Dr. Mateo que nos dirijamos a la cabeza mitrada de Urgel). Altos affaires de estado. Los de Vives con el Borbón quiero decir. Lo de Soler con Juanito, intimidades de alcoba. Ajenas a ellos claro está.
Para mi gusto y para el de todos los curas de a pie que aguantamos en las trincheras de la Iglesia, con nuestro trabajo y paciencia, aunque seguramente con no pocos pecados, demasiada aristocracia, demasiada élite, demasiada farsa. Y poca sustancia. Nos daremos cuenta tarde.
Religiosas Germinantes: Hijas de Santa María del Corazón de Jesús (25/04/2010)
Pasan desapercibidas y son desconocidas por muchos. Su colegio en Valldoreix es una de las instituciones católicas más maravillosas y fecundas de la Iglesia en Cataluña: el Pinar de Nuestra Señora. Pegadita al Colegio, la Casa para Hermanas mayores y enfermas: los Alcázares de Santa María. Su fundadora, la santanderina Madre María de Jesús Velarde, se crió, estudió y conoció su vocación junto a nosotros. Aquí, en Sant Cugat comenzó su noviciado en las Hijas del Sagrado Corazón de Issoudun, la rama femenina de los Misioneros del Sagrado Corazón fundada por el P. Chevalier, y de allí salió para fundar el nuevo instituto religioso que en 1998 fue aprobado como de Derecho Pontificio.
Estas religiosas comprendieron que debían seguir la llamada de Dios a renovarse según el carisma vocacional que habían recibido y la fidelidad a la Iglesia. No podían bajar el listón, no podían despeñarse por el abismo de experimentos que intuían destructivos. La historia contemporánea de nuestra Iglesia debería habernos enseñado algo a estas alturas sobre cuáles son los senderos para la revitalización de la vida cristiana en nuestras órdenes e institutos religiosos. Sin embargo aún se ciernen sobre nosotros negros nubarrones. Incluso en congregaciones religiosas que pensábamos salvadas de la confusión y pues del desastre de la autodemolición. Nos llegan tristes noticias sobre la joven superiora de la comunidad de San José de la Montaña, la madre Mª Aurora Barrientos, que nos entristecen sobremanera: intento de convertir en voluntario el hábito religioso, presencia del obispo Godayol en actos institucionales, predicación de los siete domingos de San José por Mn. Turull incidiendo en el Jesús histórico, serie de conferencias del P. Hilari Raguer. En una palabra, la flor y nata de la decadencia eclesial en un instituto profundamente tradicional, con hondas raíces en la vida católica de nuestra ciudad, y cuya obra es admirada, querida y sostenida por infinidad de fieles y voluntarios no sólo barceloneses sino de toda España y el mundo entero. La historia religiosa de Barcelona es inseparable de la del Real Santuario de San José de la Montaña. Por eso nos entristece conocer que mientras otros institutos se renuevan en línea de fidelidad y amor a la Iglesia, otros parecen tentados de caminar por otras sendas. Sendas que sólo conducen a atolladeros y a crisis de las que en estos últimos decenios hemos tenido probadas muestras. Para tristeza y lamento de nuestra comunidad eclesial.
El camino no es el de la Madre Barrientos sino el de la Madre Velarde. Las nuevas experiencias sólo pueden discurrir siguiendo los pasos de la santanderina de Valldoreix y no los de la andaluza “renovadora” del santuario graciense lanzada, según parece, a los brazos del más caduco progresismo catalán. ¿Qué tipo de complejo albergará en su subconsciente?
Germinans debe hacerse eco de todo ello. De lo esperanzador de unas monjas reformadoras y de lo peligroso de otras que presumen pretenderlo pero que lo intentan por los que juzgamos malos derroteros. No podíamos eximirnos de esa misión.
Esfuerzo cuaresmal por comprender a Sistach (28/02/2010)
Los que continuamente nos interrogamos no tanto sobre los hechos en sí sino sobre las causas y motivaciones de estos, repetidamente hemos intentado ponernos no sólo en la complicada mente del cardenal Sistach sino también el tortuoso mundo afectivo que lo mueve y sostiene.
Está claro, como he intentado dejar claro en otras ocasiones, que nuestro arzobispo más que un hombre de principios es un hombre instrumentos, es decir sus facultades intelectuales y volitivas no se sustraen a la tentación de pensar que el fondo el verdadero y único camino es el que, plagiando a Machado, “se hace al andar”.
En una palabra, sic et simpliciter, Sistach participa de aquella visión y concepción de la verdad, común a la llamada “nouvelle theologie”, según la cual esta ya no se concibe como la conformidad del intelecto con la realidad y sus leyes inmutables sino como la conformidad del intelecto con las exigencias de la acción y de la vida humana que siempre evoluciona. A la filosofía del ser u ontología se la sustituye por la filosofía de la acción que define la verdad no ya en función del ser y sus principios sino de la acción. De esta manera se acerca al presupuesto modernista, tan actual en muchos sectores de la Iglesia contemporánea: la verdad evoluciona con el hombre. Este es el resultado de la filosofía de la acción y el fundamento de la crisis de la apologética contemporánea: haber caído en las ilusiones del idealismo con todos los riesgos que comporta para la fe.
Sistach es un hombre vitalista, en la peor acepción del término, que juzga los ideales como quimeras o, peor aún, espejismos de iluminados o escrupulosos.
Por lo que gratamente se siente impactado y contento nuestro Cardenal Arzobispo es porque en Barcelona “se hacen muchas cosas”. Y continuamente lo repite replicando cualquier razonamiento contrario a su lógica.
Y es que su “forma mentis” lo ha conducido a un grave error: un relativismo casi completo al menos en lo que al enjuiciamiento de las cuestiones se refiere. De ahí su obsesión por ese “afirmar” todas aquellas cosas que los enemigos de la Iglesia, especialmente los políticos e intelectuales “progres”, desean escucharnos decir. Cuando se leen sus artículos semanales, publicados cada domingo en “La Vanguardia”, uno reconoce una mal disimulada complacencia con lo “políticamente correcto” y un afán de mendigar la aprobación de la opinión pública, del establishment institucional e intelectual, de aquellos “400 que caben en un ascensor” y que no han dejado de tener nunca la sartén por el mango. El clero que lo sostiene y al que privilegia es mayoritariamente de este talante ¿por qué oponerse a ellos y complicarse la vida?
En otro orden de cosas, Martínez Sistach nunca propondrá interpretaciones nuevas de los dogmas, ni una nueva perspectiva del pecado original, la encarnación, la redención o la eucaristía. Tampoco, ni siquiera complaciéndose en la invitación a la Comunidad de San Egidio para el interreligioso Encuentro Mundial de por la Paz 2010 caerá en ningún error acerca de la convergencia final de todas las religiones en un centro cósmico universal.
Ni tiene esa capacidad ni, a Dios gracias, esa presunción.
Aparentemente Sistach mueve astutamente todas las piezas del tablero de ajedrez. De lo que quizá no se da cuenta es de que, víctima de su filosofía de la acción, al hacer jugadas con tantos peones en movimiento se puede quedar sin defensas y puede sucumbir ante un jaque mate.
Ponderen nuestros lectores en un futuro inmediato la exactitud de este juicio.
El Neo-Modernismo Progresista (14/02/2010)
El lector tendrá en estas líneas un ejemplo monstruoso del estado de espíritu actual en nuestra Archidiócesis de Barcelona y sus instituciones. Los responsables pastorales al frente de la mayoría de los centros e instituciones “de Iglesia” (así los llaman): Facultad de Teología, Delegaciones Diocesanas, Seminario, Centros de Estudios Pastorales y de Pastoral Litúrgica, Fundación Joan Maragall y demás, llevan a cabo un proceso dialéctico muy sutil. En ellos se encuentran mezclados, como en el marxismo, los objetivos desvelados y los fines últimos inconfesados. Los objetivos desvelados son: ir hacia los hombres, conocer la Palabra de Dios y hacerla vivir, hacer comprender la Liturgia, facilitar la práctica religiosa, establecer unos cauces de diálogo entre la sociedad civil y la Iglesia, contribuir al desarrollo integral de nuestro mundo con las aportaciones de la fe cristiana, potenciar unos lazos de fraternidad, hacer la unidad y propagar la paz. Con este lenguaje tal cual.
Los fines últimos inconfesados corresponden a una voluntad malsana y perversa: la voluntad de separar nuestra Iglesia de la actual Roma de Benedicto XVI, laicizar las instituciones sagradas, que la Iglesia contribuya al camino de la “autodeterminación de nuestro país”, poner al hombre en el lugar de Dios.
Pero sólo un cierto número de “cabezas pensantes” conocen los fines últimos inconfesados: todos sus colaboradores, los pocos jóvenes militantes que quedan en sus movimientos, los laicos que está al pie del cañón en las parroquias, curas y vicarios, los seglares que aún contribuyen con sus aportaciones a la “acción de la Iglesia”, todos marchan de buena fe y con ardor hacia esos fines últimos inconfesados, creyendo sinceramente que están trabajando para el bien de la Iglesia Católica.
¿Los medios empleados? Aparecen extremadamente variados y superpuestos, escondiéndose bajo las mejores apariencias; tienden de una u otra manera a minimizar lo que es Dios, o sobrenatural, o sagrado, rebajar la autoridad, hacer vacilar la verdad o la moral, para dar valor al mundo, a lo profano, y finalmente al pecado y al error. Y los procedimientos más variados, las iniciativas más audaces, las desobediencias más pérfidas salen a la luz, bajo los falsos semblantes de la caridad, de la fraternidad, de la lealtad o de la pobreza.
Todos estos medios actúan con el mismo procedimiento: conservar las palabras viejas, pero vaciarlas de su sentido, de tal forma que los fieles cambien de verdad sin darse cuenta. Y todo en un proceso dialéctico que tiene toda una fachada que tiende a ocultarla: son los rollos que dicen en el transcurso de la misa, las charlas, las “revisiones de vida”, los artículos de periódicos y revistas comentados, las homilías que nos envían desde el CPL, en resumen, toda una verborrea y una hinchazón de ideas pedantes (y a menudo falsas) que desorientan al feligrés y le hacen perder el hilo de la verdadera doctrina. Se habla de la dignidad humana, de la alegría, de los placeres lícitos, del compromiso, de la conciencia adulta, del laicado adulto y estructurado, del desarrollo para un mejor servicio a la sociedad, del amor humano, de la responsabilidad, de la conciencia personal. Y todo ello aliñado, adobado e intercalado con frases sueltas y descontextualizadas del Vaticano II, de Juan Pablo II, del Concilio Provincial Tarraconense y de Benedicto XVI.
Sin embargo, ese lenguaje sonoro y esas consideraciones hacen olvidar las realidades sobrenaturales. Todo un juego de pensamientos y de palabras, de deslizamientos y deterioraciones conducen a dar el cambio, a destruir una verdad aun manteniéndola en apariencia, a insinuar en lugar de la Verdad otra “verdad” que justamente es opuesta a la primera. ¿Cómo es posible? Porque a la verdad objetiva se la ha sustituido con la verdad subjetiva, la cual es la conformidad a la idea oportuna, políticamente correcta, favorable al sentido del mundo y de la sociedad. Es el más espantoso relativismo. Esta dialéctica conduce al lavado de cerebro. Se ataca a la inteligencia para desposeerla de la Verdad. De buenas a primeras, esto no sería posible: pero entonces el neo-modernista progre hacer deslizar el razonamiento por unos juegos sutiles que terminan por adormecer, fatigar o engañar de tal forma que el individuo llega a decir blanco cuando ve negro. El mal se ha disfrazado de “ángel de luz”. Es la equivalencia entre lo verdadero y lo falso: cada cual puede salvarse “con su verdad”, con su “tradición religiosa”, cada cual puede pretender lo que es bueno para su “realización como persona”. Y esta realización es la del mundo.
Así, numerosos periodistas y teólogos han acabado por decir o hacer exactamente lo contrario a lo que ha sido proclamado en los concilios de Trento, Vaticano I y Vaticano II, por citar únicamente los tres últimos.
Los galimatías, las hipocresías y las traiciones de los llamados “medios cristianos” (ya ni prensa católica se llaman) tiene una gran participación en este lavado de cerebro. Ha dado ejemplos contundentes de la presentación de los hechos, de insistencias o de silencios que hacen creer finalmente lo opuesto a lo que la Iglesia dice.
Así, y desde todos los lados, en Cataluña la Iglesia es puesta en condición. Es la asfixia lenta, la intoxicación, la inundación solapada del agua podrida que sube, incansablemente. Y en ello tienen culpa muchos de nuestros obispos, comenzando por el cardenal de Barcelona. Pretenden insuflar un oxígeno nuevo, pero aquello son las miasmas del mundo, Bajo el pretexto de purificación y renovación hacen estallar el armazón. Han llegado a levantar la Iglesia fuera de sus goznes, la empujan desde todos los lados, con celo, aparentemente para ponerla en su lugar, en realidad para dislocarla.
En nuestra diócesis de Barcelona esta es la realidad, que ha tomado la forma de decenas de religiosos, sacerdotes, seglares, expertos en tal o cual tema, estudiosos, periodistas “cristianos”, aparentemente en comunión con la Iglesia, pero que sabiamente, insidiosamente, destilan el error y envenenan, grandemente, nuestra magnífica religión católica.
¡Que no se invoque a la calumnia, a la estrechez de espíritu, a las maniobras de división, al anonimato de Germinans!
¡Señor Cardenal: hay sacerdotes que ya no tienen fe! Es reconocible en unos ciertos signos. Unos dicen que no creen en la presencia real en la Eucaristía, en los ángeles, en la existencia del infierno. Los sacerdotes-periodistas en boga, no temen afirmar que “la luz siempre nueva del Evangelio anima a la Iglesia en su renovación”, aserto que cuelgan a la espalda del Vaticano II. En cuanto a la luz que viene de la fe y de la Iglesia (que ellos llaman “institución”) se la vela cada vez más.
¿Qué podemos hacer? Ante todo, gritar a nuestro Santo Padre el Papa Benedicto XVI y a todos los obispos en comunión auténtica con la Sede Apostólica e infalible de Pedro, gritarles nuestra fe absoluta en las verdades eternas enseñadas por Cristo y por la Iglesia y, hacia sus personas, proclamarles nuestra adhesión inquebrantable. Mientras nuestros obispos permanezcan unidos a la Sede de Pedro, tienen derecho al más estricto y al más profundo de nuestros respetos y de nuestra obediencia.
Desde Germinans queremos decirle a la Iglesia, constituida por el Papa y por los obispos, nuestra fidelidad total, amante, generosa y nuestra voluntad, ante tantos errores, de luchar por la defensa de la Fe, como lo piden, a los religiosos, sacerdotes y laicos, los textos del Vaticano II. A todas las decisiones del Concilio, que suponen toda la doctrina promulgada anteriormente, les expresamos nuestra sumisión. Los textos y no las elucubraciones o las consignas de los neo-modernistas progres.
Y vosotros, obispos de Cataluña, que desaprobáis en realidad las infiltraciones doctrinales, las desobediencias litúrgicas, la laicización de nuestra sociedad, las desviaciones de nuestros centros de formación, el relativismo de los “periodistas cristianos en los medios”, también podéis atajar el mal, a condición de hablar alto, de recordar la verdadera fe, de reprobar los desórdenes, de imponeros a los Consejos Presbiterales y Pastorales y a la presión de los grupos intelectuales de la “sociedad civil catalana” que ignoran las consignas de la Iglesia e imponen las suyas.
Entonces sin cesar de amar a los hombres, nuestros hermanos, estaréis cumpliendo vuestra misión y nos ayudareis a reencontrar nuestra Religión, tan alta y tan pura, la Religión de Cristo Jesús, muerto y resucitado, hacia quien deben ir, en la Fe, la Justicia y la Piedad, “todo honor y toda gloria”.
El hondo enquistamiento del progresismo (7/01/2010)
En pie: Mn. Joaquim Cervera, responsable de Formación de los agentes de Pastoral-CEP. Sentado: Mn. Jordi Espí, párroco de María Auxiliadora de MataróMuchos de los más jóvenes y fieles lectores de nuestra página (que no seguidores y mucho menos secuaces), tanto laicos como sacerdotes, están convencidos en su inexperiencia, de que la tarea de desenquistamiento del progresismo aun representando una ardua tarea, no es cosa que pueda resolverse en un abrir y cerrar de ojos, en un “querer es poder”. Piensan que basta sólo un obispo valiente que ponga orden y disponga resolver el entuerto. Pero la cuestión es mucho más laboriosa.
Es ciertamente de capital importancia contar con un Pastor diocesano que comprenda el problema, detecte sus raíces, distinga el tejido sano del enfermo y esté dispuesto a llevar a cabo la operación quirúrgica por dolorosa o costosa que ésta sea.
Dotarse de un buen Seminario, con un rector y un equipo competente y fiel al espíritu de la Iglesia, de unos espléndidos y bien preparados docentes de filosofía y teología, de unos liturgistas que enseñen a los jóvenes a amar la Liturgia, es fundamental.
Resulta básico que todos los delegados diocesanos de cada una de las comisiones y delegaciones actúen como una orquesta bien armónica, sintiendo “ cum Ecclesia ” en cada una de las áreas de ejecución.
Es vital que las parroquias de referencia estén servidas por sacerdotes jóvenes y bien preparados, operarios entusiastas de la mies del Señor, y no respondiendo a la vieja política de escalafón que no hace sino inundar de tedio a las comunidades.
Es más que decisivo que esos colaboradores de primera línea de los Pastores en la regeneración de las diócesis, gocen del apoyo y la confianza absoluta de su obispo frente a los omnipotentes Consejos Parroquiales, cuyo sentido no sólo se ha sobredimensionado, sino que además se ha desviado de su misión inicial: de ser el consejo asesor y consultivo del párroco en la misión pastoral encomendada a éste, han pasado a ser el comité de depuración y el comisariado político de las parroquias.
Mn. Rovira Belloso Mn. Salvador Pié Mn. Jaume FontbonaPero ningún fruto aportarán esos esfuerzos sin una labor pedagógica para formar y construir una sana eclesiología, alejada de todas las desviaciones en las que ha incurrido el progresismo en este medio siglo. Véanse por orden de edad en las fotos: Rovira Belloso, Pié y Fontbona.
A excepción de poquísimas parroquias que no se han visto infectadas por el virus progresista en el cuadro de mandos intermedios (catequistas, grupos de liturgia, religiosos/as con presencia en las parroquias, pastoral de la salud y Cáritas parroquiales, etc.), la amplia mayoría de las parroquias de nuestra Archidiócesis de Barcelona están controladas por el progresismo. Desde la formación bíblica a la litúrgica: por lo que creen y por lo que leen. La mayoría de “retiros espirituales” y grupos de formación permanente están copados por una docena, y no más, de “expertos eclesiales” que se reiteran a turno y pululan por los arciprestazgos.
Oponerse a ello y presentar alternativas requiere inteligencia, trabajo, dedicación y paciencia. Algo que es un lujo suponer en un clero cuyos miembros tristemente tienden por definición al arribismo o a políticas acomodaticias. Gracias a Dios, los nuevos movimientos no están contaminados de ese espíritu.
Es cierto, sin embargo, que la inmensa mayoría de los fieles que pueblan nuestras parroquias constituyen un colectivo fiel, probado y muy purificado a lo largo de estos decenios. Cierto es también que las parroquias en las que el progresismo usó de instrumentos más radicales orientados hacia fines más extremos, quedaron arruinadas y todo ha quedado arrasado. Ni siquiera oposición tuvieron. Pero son las menos, y por cierto, las más anheladas por muchos.
El escolapio Enric Canet El jesuita Ignasi SalvatLos sacerdotes y laicos entregados a la regeneración de la Iglesia, prefieren partir de cero en la obra de reconstrucción, que ir encontrando escombros entre las ruinas que se convierten en estorbos. Especialmente ante un obispo amedrentado y vacilante o, no se sabe si es peor, manifacero y metomentodo.
Uno de los escollos más determinantes lo constituyen en nuestro país la mayoría de comunidades religiosas de vida activa, sean masculinas o femeninas. Sus colegios suelen ser una rémora en la formación religiosa y humana de los jóvenes. Y no hablemos de los institutos religiosos o sociedades de vida apostólica sitas en pisos “encarnados en la realidad viva de los barrios”: echados a perder la mayoría. Muchas buenas personas han caído, enredadas espiritualmente y sometidas a unos superiores que los mantienen engañados en ideologías fenecidas y en formas caducas.
A ese progresismo enquistado nos enfrentamos: conocerlo y ser conscientes de sus ramificaciones, así como asumir los costes humanos de la labor de saneamiento, es tener los pies en el suelo y estar cimentado sobre roca. Es así como nos hemos propuesto preparar el futuro.
No todo fue perfecto en el "Escaparate Sistach" (31/01/2010)
Sería de una ceguera obtusa y letal para cualquier examen de la realidad que quisiera obviar ese dato incontestable, el negar cómo el saldo del conjunto de festejos del sábado 23 de enero, entorno a la beatificación, ha resultado ampliamente positivo para los fines y objetivos planificados por S.E. el cardenal Martínez Sistach.
El auténtico milagro de la beatificación fue el de la sosegada paz que todos los asistentes evidenciaban y el ambiente de letífica serenidad que mostraba la Basílica de Santa María durante la celebración, y que a los ojos del Legado Pontificio Mons. Amato y del Nuncio Frattini así como para el juicio de todos los obispos del resto de España presentes en el evento, acabó constituyendo un innegable activo favorable a Sistach.
En orden pues a los objetivos de Sistach, que son construir un escaparate ante Roma y Madrid que evidencie una normalidad en la situación de la Iglesia en Barcelona, y por ende en Cataluña, y pues una positiva gestión de su pontificado, la beatificación le ha aportado muchos puntos.
Roma es romana, valga la redundancia, es decir acaba sucumbiendo al llamado espíritu romano, donde lo importante es el saldo. El respeto a los principios es importantísimo, las apariencias cuentan, pero al final hay que optimizar resultados. Lo definitivo no es si ha sido arduo encontrar los ingredientes para el ragout, si estos eran más o menos caros, si hacia calor en la cocina o si se si rompió la bandeja en la que los “bucattini” se iban a servir: lo importante es si todo el mundo comió, si quedaron satisfechos y si la “mamma” fue agasajada con cariño por los invitados. Così è Roma!
Y aunque es cierto que son muchos y bien situados nuestros “hombres en Roma”, mucho nos tememos que estos, al menos en un principio y aún conociendo el percal, se unan al aplauso general que suscita Sistach y esta beatificación. No olvidemos que Roma suele estar poblada de personas que esencialmente defienden las causas de sus superiores que erigen en plataforma para su propia causa. Más si cabe, sabiendo que la beatificación del P. Tous en abril, en el marco incomparable de la Basílica de Santa María del Mar, previsiblemente acabará presentándose como un éxito más en las aspiraciones de Sistach. Por eso no hay que menospreciar al adversario: la “apuesta Turull” se convirtió hace tiempo, y por nuestra culpa, en cuestión de pundonor para el cardenal Sistach. Y hasta que alguien demuestre lo contrario, el arzobispo de Barcelona es un cardenal de Santa Romana Iglesia, y nosotros ni somos nadie ni tenemos rostro, al menos hasta que nadie nos haga la maqueta de nuestro perfil ante las instancias que cuentan y pueden resolver. ¡Ojo pues con los desdenes!
Pero no todo es oscuro en este camino. A veces se ven resquicios de luz porque el “dulce final” que debía concluir la obra se tuerce y la guinda que debía coronar la cúspide el pastel rueda hasta el suelo y descubre las miserias de las recámaras.
En la fatigosa preparación de la celebración, cansina por la soberbia voluntad del cardenal de controlar todo “manu militari”, él en persona no quiso se añadiera la piadosa visita de rigor a la tumba del beato concluida la ceremonia. Así pues, y tal como con anterioridad había dispuesto Sistach, el cortejo “di calore” salió de la sacristía, cruzó el presbiterio, llegó al Altar del Roser (lado evangelio) con la intención de salir por la puerta allí sita camino de l´Hort del Rector, donde habían aparcado los vehículos las altas autoridades eclesiásticas.
Pero he aquí, ¡oh incómoda sorpresa!, que el mismísimo Legado Amato encontrando a faltar la oración ante la tumba, comenzó a exclamar en alta voz: “ La tomba! La tomba! Dobbiamo visitare la tomba!”. En aquel preciso momento, su secretario y oficial de la Congregación para las Causas de los Santos, Don Claudio Jovine, expedito se dirigió al Eminentísimo Cardenal de Barcelona que ya había tomado las de Villadiego (cames ajudeu-me!) y se encontraba a punto de salir de la Basílica para darle a conocer el explícito deseo del Legado Pontificio. Fue solo entonces cuando con ese porte “resuelto y campechano” que usa el de Barcelona y esa sonrisa “¡ay, tengo la cabeza como un chorlito!”, toda la comitiva dio marcha atrás, volvió a la nave hasta la altura de la Capilla de las Santas donde incomprensiblemente reposan sus restos, sin ser exhumados para su veneración pública, pudiendo así Mons. Amato finalmente y de rodillas, rezar en devoto recogimiento ante las reliquias del Beato Samsó.
A la “finezza” vaticana no se le escapa el más que evidente deseo del Cardenal no tanto de concluir la ceremonia, como de enterrar por segunda vez y de manera definitiva al Dr. Samsó, revelando así no sólo su falta de convicciones entorno a la figura del Beato, sino su falta de sentido sobrenatural, su fingida piedad y sus calculadores gestos de cortesía y agasajo. Sistach únicamente trabaja “pro bono suo”. Tener esa clave de interpretación hace intuir qué hay tras las bambalinas y los decorados. Cómo se sustenta y qué oculta el bien llamado “escaparate Sistach”. Sólo en ello, y aunque resulte triste afirmarlo, podemos encontrar una brizna de esperanza para el futuro de nuestra Iglesia diocesana tras la estéril y dolorosa “era Sistach”.
Germinans, año cuarto: lo que nosotros somos (10/01/2009)
Siempre he experimentado un desesperado amor por la palabra escrita. La historia de Germinans, a las puertas de este cuarto año de aventura, es preciso que la relate yo, a mi manera, como mejor sepa, y con el tono que me es propio.
Esta historia puedo decir que la hemos vivido día a día, como las estaciones de un calvario modesto y personal, como las etapas de un duro viaje en el cual las piedras han desollado a los peregrinos –un viaje que no ha terminado- un rudo viaje en verdad, pero un viaje en el cual los ojos de los caminantes no se han apartado de la estrella, y la estrella nunca ha abandonado a los viajeros.
Y en ese viaje “cada uno da lo que puede”, como dice el adagio popular. Porque existen cien maneras de trabajar por el bien de la Iglesia, cuando uno permanece esencialmente ligado a ella, y a falta de ser “un alma iluminada”, es un alma de buena fe. Es en virtud de estas humildes razones por lo que, por nuestra parte, siempre hemos querido corresponder con nuestros obispos, confiarnos a ellos, explicarles las profundas miserias y los dolores de los cuales nos hacemos eco, en particular de tantos sacerdotes y laicos que sufren – a quienes se les ha pretendido cerrar la boca- y que no tienen más voces que las nuestras para expresarse.
Hemos querido justificar nuestro testimonio de creyentes, denunciando los desórdenes de la Iglesia en Cataluña, hablar en nombre de una Iglesia del Silencio que, en nuestra tierra, ha decidido arrancar su mordaza.
En fin, hemos planteado a los obispos continuamente, en nuestros artículos, pero también en algunos privilegiados encuentros personales, cuestiones precisas, tendiendo a buscar unas respuestas que permitieran disipar las ambigüedades, las desviaciones y los malestares.
Para decirlo todo, de muchos no hemos obtenido respuestas a los problemas planteados. Pero afortunadamente, y como signo de maravillosa bendición y esperanza, de otros hemos recibido mucha luz.
Así pues, al comenzar este año 2010, en nombre de mis amigos y en el mío propio, reiterar que continuaremos esforzándonos en nuestra tarea, profesando nuestro hondo respeto a los obispos, señalando la eminencia del ministerio episcopal; y, al mismo tiempo que esta veneración y este amor, nuestras exigencias de laicos y sacerdotes respecto a los pastores que a veces parecen huir ante sus sagradas responsabilidades y ante el Misterio, olvidando que ellos están a la vez obligados a ser nuestro apoyo y sostén en la Fe y ser “todo para todos” según las palabras del Apóstol, y no ejercer jamás un servicio episcopal “selectivo”.
Finalmente, nosotros tratamos de denunciar la infiltración progresista y nacionalista en la Cataluña cristiana de nuestros padres: este es el azote del cual somos hoy indignados testigos.
Quiero agradecer, iniciando este año 2010, la labor de nuestros laicos, que siguiendo a las más altas voces del concilio Vaticano II, han comprendido que su testimonio de laicos les configura como adultos y mayores dentro de la Iglesia. Es para mejor responder a esta llamada que les hizo el Concilio Vaticano II que ellos han lanzado su testimonio en Germinans, y también esta es la razón por lo cual sigo animando a más laicos a unirse a Germinans en su tarea.
Estoy muy feliz porque cada vez más las preocupaciones de los sacerdotes y los laicos se unen, como también compartimos los temores ante las amenazas y el progreso de lo que hemos convenido en llamar “el quiste nacional-progresista”.
El modernismo y el naturalismo, el uno y el otro denunciados ya en varios discursos en el inmediato posconcilio por Pablo VI, siguen actuando entre nosotros de forma mucho más peligrosa de lo que hayan podido hacerlo en el pasado. Hemos mostrado muchos ejemplos. Pero a este respecto desearía hacer dos observaciones.
En primer lugar que las prescripciones de la Santa Sede y de la Conferencia Episcopal son burladas con la complicidad directa o indirecta de los Ordinarios. Y esto en contradicción formal con lo que estos suelen presentar a Roma en sus informes. El caso más flagrante sigue siendo la Archidiócesis de Barcelona. Al decirlo, suplicamos a nuestro Arzobispo que ejerza la misión que Dios le ha encomendado en su alto ministerio y que escuche nuestra llamada, puesto que nosotros no deseamos otra cosa si no que se cumplan las prescripciones y normas emanadas de la Santa Sede Apostólica.
Mi segunda observación, atañe a la mayoría de la prensa “católica” y a la información religiosa en los medios de comunicación públicos en Cataluña. Ambas desgraciadamente no pueden de ninguna manera jactarse de permanecer “específicamente religiosas”. Es para espantarse al ver reflejados en estos medios los excesos de todo tipo, nunca alcanzados en la información. Parece que en estos periódicos, revistas y portales digitales no se tiene – y esto es un hecho- ningún rigor, pero además buena parte de nuestro episcopado muestra una actitud conformista y pasiva ante ello. Se ignoran por parte de la legítima autoridad eclesiástica los más insolentes ataques contra el Papa y la doctrina de la Iglesia. Se multiplican las complicidades respecto, por ejemplo, a los socialistas en Cataluña, no obstante las advertencias de la Conferencia Episcopal. Se toman posiciones políticas por parte de miembros de la Iglesia que, no sin estupor y tristeza, son desconcertantes y aterradoras para el Pueblo de Dios.
Sin embargo, se nos continúa teniendo a nosotros que continuamente damos testimonio de nuestra catolicidad y nuestra romanidad, como objeto de persecución y escarnio.
Debo decir bien alto, no obstante, que nosotros adherimos apasionadamente a la marcha hacia adelante de la Iglesia y a las directrices de esta, estando además dispuestos a exigir su aplicación en Cataluña, en la mayor medida posible como nos ha sido inspirado el hacerlo. Esto es un gesto de confianza y de amor, lo cual nos hace conservar la esperanza total de ser escuchados algún día.
Hemos decidido en nuestra alma y en nuestra conciencia que no nos callaremos nunca más porque hemos levantado acta de las encarecidas invitaciones para nuestro testimonio seglar y sacerdotal, invitaciones que nosotros relacionamos con estas palabras de Santa Catalina de Siena : “¡Ah, basta de silencio!, ¡Gritad con cien mil lenguas! Veo como, a fuerza de silencio, el mundo se pudre…”